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Menéndez Pelayo i Catalunya

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Artículo de Mario Crespo en la revista L´Avençs.

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¿”The Waterboys” en Santander?

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 22 de abril de 2012.

¿”The Waterboys” en Santander?

¿Sería cierto que “The Waterboys” tocaban en Santander el viernes 20 de abril? ¿Sería verdad la noticia de que en esta humildísima capital de provincias, ejemplo de desgraciada gestión cultural, rica en parcialidades, y con un catálogo musical bastante previsible, se iba a poder escuchar en vivo y en directo a uno de los más importantes grupos británicos de las últimas décadas? ¿Acaso sería una broma cruel el cartel que vimos pegado con triste celo en una húmeda pared del Río de la Pila, una cotidiana noche lluviosa santanderina? ¿Aquella banda del disco “This is the sea”, a la que pudimos ver gratis (¿) en la Semana Grande de Bilbao hace tres años, iba a tocar en Santander? El dato fue confirmado con el grave golpe de nuestra inminente ruina económica: cuarenta euros nos daban acceso a un concierto poco menos que increíble, que tendría lugar en el surrealista Escenario Santander del parque de Las Llamas, un lugar indefinido entre el hangar y el teatro de a pie, almacén de sonidos domesticados lejos del mundanal ruido de la ciudad, en un extremo de ese otro parque domesticado que es la vaguada de Las Llamas. Tiene el Escenario Santander, al parecer, yo no lo sabía, una zona vip, que se reserva a los amigos de las entidades oficiales de la gestión cultural. Para el resto del público está reservado el patio, convertido en espejo del mundo, con cuarentones respetuosos, parejas nostálgicas, grupos de amigos reconciliándose con su pasado, algún que otro caradura que gana posición a empujones y borrachos desnudos de cintura para arriba. Pero el espectáculo, aunque algún energúmeno lo pretenda, no está en el patio, sino en el escenario. Aquí sí. Aquí no valen provincianismos ni bobadas. Vamos a ver a unos grandes de la música. Aparecen puntuales, como caballeros británicos (¡cuántos mindundis hacen esperar al público, desesperándoles!). Steve Wickham, el violinista, uno de los dos históricos de la banda. Y, por supuesto, Mike Scott, fundador de “The Waterboys” en 1981. Están de gira por España para presentar su último disco, “An appointment with Mr. Yeats”. Su presencia en el escenario es arrolladora. Alguien me da una de las claves: Mike Scott no toca sólo para el público, sino especialmente para sí mismo. Lo entiendo no como una manifestación egoísta, sino como una vivencia personal del creador, que vive la música, que la lleva dentro y que pide al público que se abstenga de fumar. Comienzan con “The hosting of the shee”, primera canción del nuevo disco, que está generosamente representado en el repertorio del concierto. Mike Scott trae al poeta irlandés William Butler Yeats (1865-1939), le reinventa, le recrea recreando, a su vez, sonidos que son como un espléndido resumen de las influencias del grupo, proyectándose de manera magistral. Mike Scott ha contado que en 1990 le regalaron en Galway (Irlanda) un ejemplar de la poesía completa de Yeats, que le había servido de estímulo para este meditado conjunto de canciones (nada menos que catorce, en el disco publicado), cuyas letras son poemas de Yeats tomados de libros como “El viento entre los juncos”, “La rosa secreta” y “Últimos poemas”. La relación de Scott con la literatura anglosajona es tan intensa que prácticamente la trayectoria de “The Waterboys” es indisoluble de una inspiración literaria tan compleja como los caminos musicales del grupo, desde el folk al rock “duro”. El grupo interpreta temas ya clásicos y deja para los bises los imprescindibles “A man is in love”, “The whole of the moon” y “Fisherman´s blues”. Nada que añadir: ellos se bastan y sobran y hasta bailan en el escenario su propia mascarada mágica. Sin embargo, junto con todo su repertorio más conocido, impresiona Mike Scott recitando a Yeats, regresando al “oráculo délfico” o cabalgando con huestes antiguas: “Y no te quedes donde el fuego brilla, / llenando el corazón con un sueño mortal; / pues los pechos palpitan y los ojos fulgen: / sal al crepúsculo oscuro, sal, ven aquí”… Yeats está más vivo que nunca, encarándose a su futuro, que es el nuestro, con la música neorromántica y folklórica y pendenciera de “The Waterboys”, que no han renunciado al misterio ni se han rendido a lo facilón. Ahí radica el encanto de estos viejos jóvenes rockeros. Nadie sabe hoy domingo si, en efecto, “The Waterboys” tocaron el viernes en Santander. La literatura de Yeats lo demuestra: “¡Quisiera que fuéramos, amada mía, pájaros blancos en las espumas del mar!”…

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En memoria de Juan Antonio Pereda de la Reguera

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Artículo de Mario Crespo, publicado en el diario ALERTA de Cantabria. 8 de abril de 2012.

 

En memoria de Juan Antonio Pereda de la Reguera

El pasado 20 de marzo ha fallecido en su Santander natal, a los 89 años, Juan Antonio Pereda de la Reguera, presencia constante en cuantas iniciativas culturales se han realizado en nuestra tierra en las últimas décadas, muchas veces en un segundo plano, pero otras fomentando homenajes y ediciones como dinamizador de iniciativas. A Juan Antonio, “Toño”, le conocí en las reuniones del Centro de Estudios Montañeses, del que era uno de los socios más veteranos. Pero tuve la ocasión de frecuentarle en las reuniones de su casa en “Villa Pereda”, en el paseo de Canalejas, y por supuesto gracias al contacto con otros Pereda, miembros de una de las familias de mayor repercusión cultural en Cantabria, y gracias a la amistad de su mujer, la pintora Gloria Torner, artista permanentemente joven, y de su hija, Gloria Pereda Torner. Recuerdo la imagen juvenil de Gloria Torner pintando en Puerto Chico, en el folleto de la que creo que fue su primera exposición individual en el Ateneo de Santander, a principios de los sesenta. Por entonces los hermanos Pereda de la Reguera eran ya prohombres de la cultura santanderina. Manuel, escultor, novelista e historiador, fue vicepresidente del Centro de Estudios Montañeses y presidente del Ateneo. Otro hermano, Ángel, fue jefe de Medicina Nuclear de Valdecilla. Acaso la trayectoria de Juan Antonio no fuera tan prestigiada en puestos relevantes como la de sus hermanos, pero en él se ha destacado, aparte de diferentes negocios empresariales, su participación en varias federaciones deportivas, consecuencia de su gran afición a la esgrima, el tiro o la hípica. Volcado en la irrefrenable vocación pictórica de Gloria Torner, y más tarde de su hija, conoció a numerosas personalidades de nuestra cultura. Fue el impulsor y coordinador de las treinta y tres ediciones que se hicieron de los “Homenajes a los artistas cántabros” en Cabezón de la Sal, desde 1974 hasta 2007. Cada mes de agosto, gracias a Juan Antonio y el apoyo de diversas entidades, el ayuntamiento cabezonense acogía el homenaje público a un artista ya fallecido, empezando por César Abín en 1974 y acabando por Esteban de la Foz en 2007. Ahorro al lector el listado de artistas homenajeados, aunque es toda una acertada panoplia de nombres propios de nuestra cultura. Un monumento de desafortunada factura, en el parque del Poblado Cántabro, deja constancia de estas conmemoraciones. No volverá a tener ese ayuntamiento un colaborador tan pertinaz y gustoso del encuentro de diferentes sensibilidades en torno al arte, capaz de concitar tantos impulsos para celebrar la creación plástica y la poesía. En el recuerdo de quien ya no podrá ver cualquier acto en que se reivindique su papel, tendría un notable interés la edición, en un libro homenaje, de los cataloguitos editados por Juan Antonio cada año, dedicados a cada artista, con ilustraciones y textos de críticos que a veces se escribían expresamente para este notable fin. No sería algo demasiado costoso y cumpliría un doble objetivo: dejar constancia de una actividad cultural inaudita en Cantabria y homenajear a quien lo impulsó, con ilusión admirable. Fue Juan Antonio editor cuidadoso. Suya es la preparación de las ediciones de “Gloria Torner en la voz de los poetas” (conozco la de 2001), preciosa antología de la pintura de Gloria trastocada en la poesía de los amigos. Recuperó viejas caricaturas parisinas de su amigo César Abín, publicadas por primera vez en 1932, en el libro “Retratos de artistas, críticos de arte y marchands” (2003). Además preparó la obrita de su hermano Manuel “¿Quiso Cervantes montañés a don Quijote?” (2005), que permanecía inédita desde su lectura en el Congreso Cervantino de 1978. Y seguramente estuvo detrás de otros títulos que se me escapan ahora. Juan Antonio era un hombre muy cordial. Nadie puede negar su simpatía; rara vez, sobre todo en sus reuniones familiares, pasaba mucho tiempo sin que emanara de su semblante una sonrisa que casi siempre era contagiosa. Dotado de una proverbial generosidad, quienes le han tratado pueden afirmar que sus actos le alejaban de otros contemporáneos carentes de cualquier sentido altruista. Seguramente era consciente de que, con independencia de lo que exista al otro lado de la muerte, la vida hay que llenarla de actos provechosos y conciliadores. “Toño”, lo digo con orgullo y agradecimiento, me proporcionó materiales importantes de su propio archivo para la realización de algunos libros. Su biblioteca, con ese desorden maravilloso que tienen las bibliotecas vivas, ha sido testigo de una existencia cuajada en el amor a la cultura, y en ella puede encontrarse un material que, por desgracia, es raro en otras bibliotecas, incluso públicas. Juan Antonio Pereda de la Reguera ha sido una las personas más buenas que he conocido. Y aquí dejo en palabra algo de su recuerdo, que siempre ha de acompañarnos para mirar la cultura desde ese lado amable y generoso que le da el más profundo de sus sentidos.

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En la penumbra de un jardín tan extraño

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 11 de marzo de 2012.

 

En la penumbra de un jardín tan extraño

Enrique Sierra (dcha.) junto a sus compañeros de Radio Futura

Enrique Sierra (dcha.) junto a sus compañeros de Radio Futura (Fuente: antoniosaz.blogspot.com)

Enrique Sierra ha fallecido hace algunas semanas en Madrid, a los 55 años. Puede que su nombre, así, de buenas a primeras, no suene demasiado. Pero les aseguro que, sonar, sonó, y mucho. En 1978 formó, con los hermanos Luis y Santiago Auserón, “Radio Futura”, una de las creaciones más notables de los grupos de éxito popular de los prolíficos e irrepetibles años ochenta en España. La música de “Radio Futura” participaba de modas y tendencias pero, frente a otros grupos quizá más efímeros o experimentales, su obra se construyó sobre la base de tradiciones bien reconocidas y las inquietudes geniales de sus componentes, dando como resultado una aportación relevante. En su música descansa quizá la herencia más perdurable de aquellos años, aunque el lector tal vez piense, con razón, que me dejo llevar por mi gusto por su música extraña y perfeccionista, llena de un romanticismo urbanita y eléctrico; “Paisajes eléctricos”, de hecho, titularon hace ya algún tiempo su recopilación de canciones, participando en el “revival” que, auspiciado por TVE, recuperó grupos que nunca se habían perdido del todo. “Han caído los dos”, “No tocarte”, “El hombre de papel”, “Luna de agosto”, “El tonto Simón”, “37 grados”…son títulos imprescindibles en la memoria musical de muchísima gente, temas con letras de inusual belleza, aciertos retóricos que parecen (son) verdaderos poemas, himnos extraños que parece que ayudan a sobrevivir a las miserias cotidianas. ¿Hay un álbum con título más trágico y vibrante que “De un país en llamas”? De las llamas de cualquier bandera surge la belleza y en ese disco, precisamente, puede escucharse una de las canciones más hermosas e inimitables que se hayan escrito en nuestro país, “En alas de la mentira”, que aún hoy estremece en su misteriosa latencia trágica: “Cierro los ojos y bailo / al borde del tejado. / Podría volar…”. Las letras de “Radio Futura” no están agarradas a ninguna circunstancia caduca: tienen ese halo de universalidad y cosmopolitismo que cualquier hombre puede compartir o comprender; incluso cuando versionan, lo hacen de clásicos como Edgar Alan Poe y su poema “Annabel Lee”, conocido canto de la desesperación del desamor. Ahí radica, creo, uno de sus principales aciertos: la validez universal de su mensaje sin perder el castellano que sirve de vehículo comunicativo. Acaso si hubieran cantado en inglés su música hubiera alcanzado mayor fama, pero en su decisión creativa estriba también su generosidad cultural y su aportación a una cultura que estaba dando frutos aún hoy comestibles. Cuando escucho a tantos que se arrogan el beneficio de la denominada “movida madrileña”, recuerdo lo que fue para muchos chicos, primero por ser de provincias y luego por coyuntura generacional, la “movida madrileña”: ni más ni menos que “La Bola de Cristal”, aquel programa genial que echaban los sábados por la mañana en TVE y que, por su interés y decencia, sólo podía terminar siendo prohibido. Se escapó del control un programa que, a través de la televisión, aconsejaba a los pequeños televidentes que dejaran de ver la tele y leyeran: algo que sería trasgresor hoy en día, en que crece preocupantemente el porcentaje de momas que dependen de la televisión y de los “reality”, por ejemplo, de las patochadas de imbéciles que resultan ser modelos de comportamiento social. En ese programa muchos descubrimos otras realidades que “nos hacían mayores”, guiados por las intervenciones de los Auserón, entre otros. “Radio Futura” no hubiera sido nada sin el ahora desaparecido Enrique Sierra, que compuso temas como “Escuela de calor” y “La estatua del jardín botánico”. Su carrera musical se había iniciado con “Kaka de Luxe” y, tras la disolución de “Radio Futura”, continuó con trabajos en solitario, bandas como “Klub” y el trabajo de ingeniería de sonido para Rosario Flores, por el que obtuvo dos Grammy Latinos. Su fallecimiento me ha hecho recuperar (en realidad, nunca lo había perdido del todo) a un grupo que hoy en día suena como nunca. Hoy, con otros, me quedo en el jardín botánico, redescubriendo unos versos llenos de la viva hermosura de lo imaginado: “Un día más me quedaré sentado aquí / en la penumbra de un jardín tan extraño. / Cae la tarde y me olvidé otra vez / de tomar una determinación. / Esperando un eclipse me quedaré / persiguiendo un enigma al compás de las horas, / dibujando una elipse me quedaré / entre el sol y mi corazón”. En la penumbra de un jardín tan extraño acaban también quienes han tocado, con su música, las alas de la eternidad.

 


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El maltratado convento de Santa Cruz

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 4 de marzo de 2012.

El maltratado convento de Santa Cruz

Lo que técnica e históricamente es el convento de Santa Cruz es lo que de manera más popular se denomina “La Tabacalera”, pero no las instalaciones de la zona portuaria, sino el viejo edificio que está enfrente del parlamento autonómico, en la calle Alta, número 32. Comenzado en 1641, albergó una comunidad de monjas clarisas y desde 1838 fue su uso fábrica de tabacos; Tabacalera-Altadis fue su propietario hasta 2008. No está sobrado Santander de edificios históricos, y mucho menos anteriores al siglo XVII, y por eso, ante lo poco que se conserva, la sensibilidad ciudadana puede denunciar atentados patrimoniales que ocurren ante nuestras narices, sin que aparentemente nada se pueda hacer para impedir lo que es, en toda regla, la destrucción de patrimonio arquitectónico y su entorno de protección. Es además la zona callealtera, que hasta hace un siglo debió de ser rica en arquitectura antigua y de cierto interés, una zona especialmente sensible a cualquier actuación urbanística. Presenta aún notables conjuntos monumentales, entre los que despuntan dos edificios de la segunda mitad del XVIII, el antiguo hospital de San Rafael y la iglesia de la Consolación. Pero también se han producido en ella atentados graves a nuestro patrimonio, algunos ya denunciados y otros ocultos en el silencio, entre cómplice y pasivo, de los años. A veces puede dar la impresión de que los viejos edificios, incluso los que tienen valores históricos y artísticos, molestan, y se prefiere su ruina y el acoso de la mezquina hiedra del abandono. La ciudad de Santander es ejemplar en este extremo: para edificios notables, algunos de extraordinaria factura técnica o simplemente testigos de siglos que palidecieron, hay que buscar justificaciones para lograr que no se derriben o se maltraten con horrendas edificaciones colindantes. El palacio de Pronillo, hoy prácticamente reconstruido de la ruina, es un ejemplo entre numerosos, salvados de milagro de las ambiciones de políticos, constructores o, si es el caso, de la más peligrosa de las alianzas que para el patrimonio pueden darse en una misma persona: la del político constructor. El convento de Santa Cruz, de mediados del siglo XVII, fue construido bajo la dirección del importante arquitecto fray Lorenzo de Jorganes, que le aplicó un característico tono clasicista en detalles como la cúpula sobre pechinas que puede apreciarse en la iglesia, la única estancia del primitivo convento que, al parecer, sigue en pie en condiciones. Esto es lo que puede apreciarse desde la calle, si bien se observa igualmente el deterioro de los paramentos exteriores y la pérdida del color natural de aquella piedra traída de Rucandial y Setién que emplearon los maestros canteros Vicente Herrera y Juan de Pontón. La fundación de la obra correspondió a María de Oquendo, viuda del armador santanderino Fernando de la Riva Herrera. El convento se inauguró en 1656, después de diversas dificultades para su financiación sucedidas a la muerte de su fundadora; se contó incluso con ayuda indiana para terminarlo, de manera que cualquiera diría que hubo una especie de mal fario desde sus inicios. En 1838, tras una de las desamortizaciones que dio nuevos usos a diferentes bienes eclesiásticos, se instaló en el convento la fábrica nacional de tabacos. Y este es el empleo que varias generaciones de cántabros han conocido en este enclave singular de Santander. En  enero de 2008, trasladadas desde hacía años las instalaciones de Altadis, fue cedido por el Estado para la ubicación del Tribunal Superior de Justicia, la Audiencia Provincial y la Fiscalía Superior de Cantabria. Parte de la finca, no obstante, pasó al Ayuntamiento. En noviembre de 2009, con motivo de las obras para la recogida neumática de basuras, aparecieron fisuras en la vieja nave anexa al inmueble y fue derribada una de sus paredes, aparentemente sin ningún interés arquitectónico. En julio de 2010 se fijó el entorno de protección del hospital de San Rafael, que afecta, obviamente, a este convento de Santa Cruz. Ahora en su finca anexa se está llevando a cabo la construcción de un gran edificio que naturalmente romperá todo el posible encanto arquitectónico de un tramo de la calle Alta que cuenta allí mismo, además, con una de las viviendas más antiguas de la ciudad, con escudo de los Fernández Estrada, en el número 30, en un lugar denominado antes “Fuera de la Puerta”. Se cumplirá con lo previsto según todos los cauces administrativos, pero lo previsto no siempre es lo mejor. El convento pide ya una rehabilitación que recupere su humilde esplendor, aunque sea como sede de la justicia que, paradójicamente, tantas veces resulta pasiva ante las ofensas patrimoniales.


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José de Bustamante y el tesoro devuelto

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Artículo de Mario Crespo aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 26 de febrero de 2012.

José de Bustamanete y el tesoro devuelto

Cuando lea el lector estas líneas dominicales habrán llegado ya a España los dos aviones Hércules encargados de transportar el tesoro de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”, rescatado vía aérea y judicial de la base militar de MacDill, al sur de Tampa, Florida. Desde Sarasota hasta un almacén de la empresa Numismatic Guaranty Corporation lo han trasladado los representantes de la empresa de exploraciones marinas Odyssey, condenada por un juez estadounidense, tras un pleito de años, a devolver el cargamento que había rescatado en 2007 del barco hundido en 1804: un total de diecisiete toneladas de material, en el que se cuentan casi seiscientas mil monedas de oro y plata del siglo XVIII. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha enviado a Estados Unidos seis expertos para verificar los trabajos de inventariado y embalaje. Alguno de ellos ha expresado la emoción que supone el encargo de traer a España lo que tenía que haber llegado a tierras españolas hace más de doscientos años. El rechazo del Tribunal Supremo de Estados Unidos a las alegaciones presentadas por Odyssey Marine Exploration ante el Tribunal de Apelaciones de Atlanta en noviembre del año pasado ha zanjado la vía de la recuperación del tesoro. Hay que apuntar que aún queda una parte de este pecio rescatado en Gibraltar, para lo cual se han iniciado ya conversaciones con el gobierno británico, ya que el fallo judicial afecta a todos los bienes rescatados de la “Nuestra Señora de las Mercedes” y los de Odyssey, al parecer, dejaron una parte en la colonia de Gibraltar. Fue en mayo de 2007 cuando esta empresa anunció el hallazgo del pecio hundido al oeste de Cádiz. El Gobierno español, gracias a los informes de diversos expertos del Ministerio de Cultura y entidades como la Real Academia de la Historia y el Museo Arqueológico Nacional, pudo demostrar a qué barco pertenecía el tesoro y cuál era su misión al servicio del Reino, en el contexto de la guerra de España y Francia contra Inglaterra. Toda esta aventura arqueológica, avariciosa y judicial desvela hechos de nuestro pasado, en concreto los que dieron pie a que España se tuviera que definir en aquel contexto bélico. La batalla naval que acabó hundiendo a la “Nuestra Señora de las Mercedes” y acabó con la muerte de casi trescientos marineros sucedió el 5 de octubre de 1804 frente al cabo de Santa María, en el Algarbe portugués. La fragata era parte de una escuadra de cuatro naves que custodiaba y transportaba un valioso cargamento de oro y plata procedente de El Callao y Montevideo y que fue atacaba por otros cuatro navíos ingleses. Mandaba la escuadra española un cántabro, José Joaquín de Bustamante y Guerra (Ontaneda, 1759-Madrid, 1825), uno de los militares españoles más prestigiosos de su época, que había comandado la importante “Expedición Malaspina” alrededor del mundo y había sido gobernador de Montevideo. Bustamante poco pudo hacer ante el superior poderío militar inglés, “una marinería escogida e inteligente”, como él mismo la definió. Fue un incendio en la santabárbara o polvorín del navío el que presumiblemente hizo explotar la nave, en la que viajaba, por cierto, la familia del general Diego de Alvear y Ponce de León, que fue testigo del desastre desde el mando de la fragata “Medea”. Apresado en Inglaterra, Bustamante fue luego sometido en España a un consejo de guerra, del que fue absuelto, y participó en la batalla de Trafalgar. Entre otras vicisitudes de aquella época turbulenta, fue capitán general de Guatemala, miembro de la Junta de Indias y director general de la Armada. El viaje del tesoro de la Odyssey nos devuelve no sólo miles de monedas de oro y de plata, sino el recuerdo de unas vidas que estaban hundidas con la propia fragata en la que atravesaron el mar. Odyssey, en su legitimidad comercial, pretendía convertir los restos sumergidos en mercancía económica. Ahora el Gobierno no sólo tiene la responsabilidad de estudiar debidamente estos restos, sino de fomentar el justo conocimiento del pasado que estos pueden proporcionar y cuidar mucho más su patrimonio arqueológico subacuático. Al fin y al cabo, Odyssey nos ha puesto de frente a las miserias españolas en el control de los yacimientos arqueológicos y las carencias en nuestra propia valoración del pasado. Algo que ni la historia ni sus protagonistas merecen.


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The artist

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 5 de febrero de 2012.

 

The artist

Ha tenido que ser el cine mudo y el blanco y negro, una obra inaudita en las últimas décadas y un proyecto que debió de coger muy sorprendidos a los productores que acabaron apostando por él. Ha tenido que ser una obra con el aroma del viejo Hollywood para recuperar la esencia entrañable del cine entendido como pasión y vida, un espectáculo narrativo en el que no sobra ni falta nada. Una historia bien sencilla, que acaso no resista comparación con algunos títulos conocidos de los años treinta, pero que hoy en día recorre la cartelera como un viento fresco que se lleva la inmundicia de lo manido y del recurso al tópico. Incluso con sus bajones de ritmo y cierta previsibilidad argumental, la película creo que está muy por encima de lo que se ha visto últimamente en las carteleras. Una obra tratada sin más efectos que los que proporciona una fundamental banda sonora (obra de Ludovic Bource) y esa fotografía en blanco y negro que desvela gestos, luces y sombras, con la pureza de lo onírico, lo delicado y, a la vez, lo esencial del sentimiento. “The artist” puede verse en nuestros cines como antesala de los Oscars, premios que acabará acaparando al ritmo de los pasos de claqué que se marcan sus personajes protagonistas, George Valentin y Peppy Miller, a los que dan vida el francés Jean Dujardin y la argentina Bérénice Bejo. Emocionan sus interpretaciones, basadas en una gestualidad que nunca empalaga y recupera maneras que parecen de otra época, cuando la mirada de los actores era capaz de transmitir hondas emociones. Ambos actores están, creo, inmensos ante la cámara. Momentos como el abrazo de la chica al frac colgado o el descubrimiento por parte de Valentin de su propio retrato van a integrar sin duda la pequeña antología cinematográfica del espectador. Junto a Dujardin y Bejo, un conjunto de excelentes secundarios, John Woodman, James Cromwell, Penélope Ann Miller y Missi Pyle, a quienes naturalmente se hace raro ver en una película muda, tan acostumbrados como estamos a verles en otras lides. Pero ahí radica también el guiño del tiempo, aunque sea falsificado a través del cine y de una película de 2011. La historia de “The artist” recuerda otros títulos, como la obra maestra “Cantando bajo la lluvia”. La acción se desarrolla en el Hollywood de los años 1927 a 1932, cuando el declive del cine mudo a favor del sonoro. Numerosas estrellas declinaron o desaparecieron ante la emergencia de nuevas maneras cinematográficas y las exigencias del público. Esa adaptación no era sólo artística, sino también, en buena parte, personal. Los cambios necesarios descubrían las miserias de un mundo ficticio, con nombres propios que se enfrentaban a su propia decadencia individual. Uno de aquellos actores era George Valentin, que bien podría ser un trasunto, incluso en el físico, de Douglas Fairbanks. Valentin goza de fama y éxito. Es la gran estrella que se permite aconsejar a una joven bailarina, Peppy Miller, de la que se acaba enamorando. El éxito que va obteniendo la joven, que nunca olvida a Valentin, contrasta con la decadencia profesional del actor y su propio deterioro personal y familiar. En su propio proceso autodestructivo, acompañado únicamente por su fiel perrillo, el protagonista no es capaz de adaptarse a un mundo cambiante y lleno de voces y se ve obligado a renunciar a mucho de lo suyo. Finalmente, hallará su propia salvación en un amor verdadero que va más allá de cualquier argumento de una vieja película muda. La obra plantea una estructura de vieja película muda: la imagen y la música se completan con la palabra sólo cuando es estrictamente necesario e incluso la banda sonora deja elocuentes silencios acordes con la narración. El director de “The artist”, Michel Hazanavicius, prácticamente un desconocido hasta ahora, ha hecho un homenaje al Hollywood clásico y en su redescubrimiento nos ha colocado ante la propia historia del cine. El reconocimiento internacional y, sobre todo, la sonrisa con la que uno sale de la sala al ver esta película avalan un proyecto cuyo mérito estriba en regresar, acaso durante sólo una hora y media, a lo inolvidable.

 


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Adenauer, Cossío y Fraga

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 22 de enero de 2012.

 

Adenauer, Cossío y Fraga

En estos días en que una de las noticias principales ha sido sin duda el fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne, puede recordarse un detalle de su vida que tiene que ver con José María de Cossío, en los tiempos en que este era presidente del Ateneo de Madrid, y con la Casona de Tudanca, en concreto en relación con tres cartas del canciller alemán Conrad Adenauer y su familia que, creo, hasta hoy no habían sido publicadas y que allí se guardan a cal y canto. José María de Cossío presidió el Ateneo de Madrid en la época en que Fraga era ministro de Información y Turismo. Obviamente, la colaboración entre ellos fue estrecha, así como el mutuo aprecio. En Tudanca se conservan ocho cartas y dos telegramas enviados a Cossío por Fraga, entre 1960 y 1975, desde los tiempos en que dirigía el Instituto Internacional de Estudios de Clases Medias y el Instituto de Estudios Políticos. Fraga, que llamaba a Cossío “amigo y maestro”, visitó en más de una ocasión Tudanca, una de ellas cuando se inauguró una de las rehabilitaciones del inmueble para acondicionar libros, lo que dio lugar a un jocoso comentario del entonces alcalde del pueblo, algo así como “ahora hay libros, pero ya volverán las vacas”. Entre las actividades que jalonan la presidencia de Cossío en el Ateneo de Madrid figura la conferencia que impartió Conrad Adenauer, canciller de Alemania en 1949-1963. El significativo acto contó con la presencia de los príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía, además del ministro Fraga. El Archivo de la Casona de Tudanca guarda noticia del acto y de valiosas cartas sobre él. La conferencia fue el 16 de febrero de 1967 bajo el título “Europa y la evolución en el mundo” (“Europa und die Entwicklung in der Welt”). Unas semanas antes Adenauer escribía a Cossío desde Bonn: “Le doy las gracias por las felicitaciones recibidas personalmente por Usted y en nombre del Ateneo con motivo de mi nonanogésimo primer cumpleaños. Me he alegrado francamente por ello y aguardo con gran expectación mi visita a Madrid y al Ateneo”. Durante su estancia en España Adenauer visitó El Prado y El Escorial, y se reunió en El Pardo con Franco, que le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Días más tarde, el 21 de febrero, ya desde Alemania, Adenauer escribió a Cossío: “Tras mi regreso a la República Federal, considero apropiado agradecerle una vez más de todo corazón la calurosa acogida que he recibido en el Ateneo de Madrid. Ha sido todo un honor para mí poder hablar en ese venerable lugar a un círculo tan selecto de un tema que a mí y a muchos políticos en nuestro país nos interesa tanto. Me he alegrado enormemente por la comprensión y la aprobación que he encontrado por parte del auditorio. Usted ha sido tan amable de enviarme algunos distinguidos trabajos relativos al arte y la historia española, que representarán un valioso enriquecimiento para mi biblioteca. Por esto reciba Usted mi más sincero agradecimiento. Le ruego, Señor Presidente, transmita también mi gratitud y elogio a sus colaboradores, que se han esforzado en que el acto en el Ateneo haya sido todo un éxito. Con mis mejores deseos y un cordial saludo atentamente, Adenauer”. El anciano político falleció poco tiempo más tarde, el 19 de abril de 1967. Del 16 de mayo se conserva otra carta en Tudanca, dirigida a Cossío desde Colonia-Lindenthal por parte de los hijos de Adenauer: “¡Mi muy estimado Señor Presidente! Nos hemos sentido reconfortados por sus condolencias por la grave pérdida que hemos sentido a causa de la muerte de nuestro padre Konrad Adenauer, por el aprecio de su personalidad y de su trabajo”. Esa conferencia en el Ateneo, hoy olvidada, unió a tres personalidades de nuestro siglo XX, Adenauer, Cossío y Fraga, y la Casona de Tudanca vuelve a ser refugio documental de biografías ya extinguidas. Agradezco a la excelente profesora Paula García Sánchez la traducción de este breve epistolario del alemán que, creo, hoy se publica por primera vez en estas páginas de ALERTA.


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Exposición de Antonio López

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Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 8 de enero de 2012.

Exposición de Antonio López


Después de haberse podido visitar en Madrid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge hasta el día 22 de enero una de esas exposiciones que ya quisiéramos ver por Cantabria. Pero las políticas y empeños expositivos acaban favoreciendo justamente la lógica de la economía de recursos y esfuerzos: viájese a la capital cercana más importante y véase lo que en la casa de uno no se tiene, así de sencillo. En fin, el Museo reúne más de un centenar de obras de Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936), pintor que sin ninguna duda está entre los más apreciados del panorama artístico español del último medio siglo. Dejando aparte el mercado y el alto valor de sus obras, el éxito de este tipo de iniciativas demuestra la consideración general que merece el artista, a quien nadie podrá acusar de divo ni de desenvolverse, como tantos otros, como un simple producto de las modas y los intereses de ciertos comerciantes del arte. A Antonio López no le hacen falta las ferias para “triunfar” ni los suplementos culturales para estar en el candelero de lo efímero. A Antonio López, con su apariencia de hombre sencillo y adusto, uno le confundiría perfectamente con un artesano, con un fabricante de cestos que dedica también su tiempo a las faenas agrícolas. Quiero decir que parece guardar en sí mismo la autenticidad, casi perdida en nuestros días, del hombre machadianamente bueno que trata de hacer lo mejor posible su trabajo. Su imagen es su propio arte, hay una consonancia inequívoca entre lo que parece y lo que seguramente sea o trate de ser. He ahí, creo, uno de sus atractivos y lo que, junto con otras consideraciones técnicas, le distingue de muchos otros pintores: la sensación de que no está vendiendo ningún engaño, de que su pintura no es impostura, sino que nace de una preocupación interior que enlaza con lo más profundo de las preocupaciones que todo artista honesto puede tener. Y cuando uno contempla sus obras y su proceso creativo, estas consideraciones crecen exponencialmente. Buen ejemplo de ello fue la película de Víctor Erice “El sol del membrillo” (1992), formidable homenaje al pintor en torno a la (maravillosa y extraña) tortura que le supuso dibujar un membrillo de su jardín, aguardar el buen tiempo, captar la mejor luz, evitar la caída de las hojas y la pérdida de la posición inicial de los frutos. En semejante ejercicio artístico se apreciaba, entre otras cosas, la preocupación de Antonio López por el paso del tiempo y su captación, así como la tragedia que supone no llegar a “atrapar” la realidad en su completa riqueza. En el filme participaba el santanderino Enrique Gran, compañero de López en la Academia de Bellas Artes. La presencia de Gran no era menor. En sus diálogos contrastaban perfectamente los objetivos pictóricos de uno y otro: el simbolismo de Gran, la pulcritud hiperrealista de López. Ambos amigos manifestaban una diferente concepción del arte que la cámara de Erice paseó por el mundo, por cierto, con sobresaliente éxito de crítica. Durante estos días aún pueden contemplarse juntas una buena cantidad de sus obras, entre ellas varias de las inacabables vistas de Madrid que tanta fama le han proporcionado, así como sus piezas escultóricas de inquietante perfección anatómica. Llama la atención el conjunto de obras de sus primeras décadas de vida artística, y, entre ellas, los dibujos de interiores realizados a lápiz, acaso donde con más pasmosa claridad se aprecian su extraordinaria técnica y su voluntad de perfección. ¿Por qué este pintor arrastra una consideración crítica tan positiva, en general? Tal vez porque se dedica a lo que muchos pintores han olvidado y vuelca lo mejor de sí en cada obra y deja que el cuadro tarde lo que tenga que tardar; tal vez porque no se ha mentido a sí mismo con los aires cambiantes de las modas o lo que un determinado crítico escupe en los diarios. ¿Por qué está atestada cada exposición de Antonio López? Acaso porque el pintor aún considera que el proceso artístico, con todas las satisfacciones que proporciona, es uno de los actos más trágicos para el hombre, enfrentado ni más ni menos que al transcurrir de un tiempo que se le escapa en cada calle, en cada retrato, en cada mesa puesta, en cada estancia vacía.


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El diario ALERTA publicará una biografía de Marcelino Menéndez Pelayo

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El diario ALERTA de Cantabria publicará una biografía de Marcelino Menéndez Pelayo

 

El diario Alerta de Santander recordará a Marcelino Menéndez Pelayo (Santander, 1856-1912) en el centenario de su fallecimiento  con la publicación de una biografía actualizada.

El autor de la biografía, que aparecerá en 52 capítulos semanales a partir del 7 de enero del año próximo, es nuestro colaborador Mario Crespo López, recientemente nombrado Académico Correspondiente de Cantabria de la Real Academia de la Historia.

Esta biografía en “fascículos”, que estará acompañada de abundante material gráfico, tratará apartados sobre Menéndez Pelayo como su infancia en Santander; su juventud universitaria en Barcelona, Madrid y Valladolid; sus éxitos académicos; sus cargos en la Universidad Central y la Biblioteca Nacional; sus preocupaciones investigadoras; sus simpatías y antipatías políticas; sus relaciones sociales; sus intereses personales; su intimidad epistolar; sus amigos de Santander y sus opiniones sobre Europa y España.

 

 

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