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Galería Marcelino Menéndez Pelayo (I)
Con la celebración este 2012 del centenario del fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo (el 19 de mayo), La palabra olvidada lanza su Galería Menéndez Pelayo por entregas, en la cual podrán verse numerosas fotografías y reproducciones gráficas en torno a la figura del erudito.
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El diario ALERTA publicará una biografía de Marcelino Menéndez Pelayo
El diario ALERTA de Cantabria publicará una biografía de Marcelino Menéndez Pelayo
El diario Alerta de Santander recordará a Marcelino Menéndez Pelayo (Santander, 1856-1912) en el centenario de su fallecimiento con la publicación de una biografía actualizada.
El autor de la biografía, que aparecerá en 52 capítulos semanales a partir del 7 de enero del año próximo, es nuestro colaborador Mario Crespo López, recientemente nombrado Académico Correspondiente de Cantabria de la Real Academia de la Historia.
Esta biografía en “fascículos”, que estará acompañada de abundante material gráfico, tratará apartados sobre Menéndez Pelayo como su infancia en Santander; su juventud universitaria en Barcelona, Madrid y Valladolid; sus éxitos académicos; sus cargos en la Universidad Central y la Biblioteca Nacional; sus preocupaciones investigadoras; sus simpatías y antipatías políticas; sus relaciones sociales; sus intereses personales; su intimidad epistolar; sus amigos de Santander y sus opiniones sobre Europa y España.
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Su tres de noviembre
Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 6 de noviembre de 2011.
Su tres de noviembre
Cada vez estoy más convencido de que una de las lecturas obligatorias para un santanderino que se precie deberían ser las “Memorias de uno a quien no sucedió nada”, de Enrique Menéndez Pelayo, el hermano de don Marcelino. Que yo sepa, tiene edición de 1983, a cargo de Benito Madariaga, publicada por Estvdio en su colección Cabo Menor, aparte de la primera edición, que salió póstuma en 1922 al cuidado de Alberto López Argüello. Una nueva tirada con notas actualizadas podría ser recurso muy interesante para el ámbito educativo, por ejemplo, ya que por ahora ni por asomo figura en el curriculum de libros de autores cántabros para los niveles de ESO y Bachillerato esta obra sencilla y amena, que proporciona además un conocimiento muy significativo de una época importante para (continuar…)
La abandonada tumba de los Menéndez Pelayo
Por Mario Crespo. Aparecido en el diario ALERTA el 29 de octubre de 2011.
La abandonada tumba de los Menéndez Pelayo
Prácticamente oculta bajo un árbol que casi abraza la piedra, en la parte más antigua del cementerio de Ciriego se encuentra la tumba perteneciente a la familia de Menéndez Pelayo. En realidad, según podemos leer en el libro de registro del propio camposanto, página 84, con fecha de 20 de julio de 1895, en esa tumba descansan los restos de dieciséis personas, sin contar por supuesto el cadáver de don Marcelino, pertenecientes a las familias Menéndez, Pelayo y Echarte.
El abandono
Ciertamente el cementerio de Ciriego recoge buena parte de la historia local. Aparte de otros datos y consideraciones, en él descansan personalidades destacadas de nuestra historia, y muchas de ellas en las manzanas más próximas a la entrada, en la zona de panteones a menudo espectaculares, fruto muchas veces del deseo de perpetuidad y recuerdo en los vivos de quienes ya nos han dejado sin remedio. Lo que resulta verdaderamente llamativo es el abandono que aguarda a estos mausoleos si no quedan herederos ni familiares, aun cuando en ellos descansen escritores como Enrique Menéndez Pelayo. Evidentemente sabemos que a ellos no les puede traer a la vida ninguna mejora en sus tumbas, pero no creo que sea tan costoso realizar obras reales de adecentamiento y cuidado de estos lugares, osarios de almas buenas que, como Enrique Menéndez, escribieron páginas notables de nuestra historia. Ahora es triste comprobar cómo nadie distingue esta tumba, cómo pasa desapercibida, humilde construcción de la que no queda sino una mitad de una lápida en la que sin duda en su día se leyó: “Familia Menéndez Pelayo”.
Propiedad de los Menéndez Pelayo
Los Menéndez tenían las parcelas 21 y 86 del cementerio de San Fernando, en la calle Alta. He de suponer que la titularidad de esas parcelas era del padre de Marcelino, llamado Marcelino Menéndez Pelayo, que fue catedrático del instituto y alcalde de Santander. En estas parcelas de San Fernando habían sido enterrados Antinógenes Menéndez (tío de Marcelino Menéndez Pelayo), Agustín Menéndez Pelayo (hermano), Eladia Echarte Maza (su primera cuñada) y Juan Pelayo España (tío). Sus restos fueron trasladados de un cementerio a otro, cuando se decidió cerrar el de San Fernando. Además de otros familiares, cuyo detalle consta en dicho libro registro, en esta tumba de Ciriego está enterrada María Jesús Pelayo, madre de Marcelino, fallecida a los 81 años y sepultada el 2 de septiembre de 1905; Enrique Menéndez Pelayo, fallecido a los 59, sepultado el 24 de agosto de 1921; y su segunda mujer, María Echarte Maza, fallecida a los 80 años, sepultada el 4 de diciembre de 1940. No figura en el registro, o acaso mi torpeza no ha dado con su nombre, el padre, Marcelino Menéndez Pintado.
Barrotes y cadena de hierro
Con respecto a los barrotes y adornos de hierro que rodean la tumba, hay un dato curioso que identifica esta tumba de los Menéndez con la que tiene en el cementerio de Entrambasaguas la suegra de Enrique Menéndez Pelayo, doña Luisa de la Maza. Según puede leerse en una carta de 1906 escrita por el párroco de ese pueblo, don Joaquín Mesones, en respuesta a una del propio Enrique Menéndez, este pretendía incorporar en ella una “cadena o barrotes para que marquen o defiendan la tumba”. Sin duda ha de tratarse de un adorno parecido al que quizá el propio Enrique puso en la tumba familiar de Ciriego y que hoy en día está en tan mal estado.
El sepulcro de don Marcelino por Victorio Macho
Durante sus estancias en Santander y siendo joven estudiante en Madrid, Victorio Macho (1887-1966) mantuvo su interés por captar rasgos e impresiones de posibles modelos para sus obras. Uno de los personajes que más le gustaba, según sus propias palabras, era Marcelino Menéndez Pelayo: “Le acechaba en la Acera del Correo y no le abandonaba hasta que entraba en su casa de Gravina. Aquella hermosa cabeza, ¡qué maravillosamente plástica era…! La nobleza y la bondad risueña, el gesto de abstracción y la luz del genio me acuciaban con unas prisas tremendas por dibujarlo y esculpirlo”. Macho llegó a velar el cadáver del polígrafo montañés y llegó a realizar un busto que se conservó en el Círculo de Recreo de Santander hasta que fue incendiado en 1931. Aunque su proyecto de monumento para la Biblioteca de don Marcelino no fue el elegido (lo hizo, como es bien sabido, Mariano Benlliure), al final de su vida, entre 1956 y 1958, realizaría el monumento funerario del sabio, soberbio conjunto escultórico de carácter religioso, en la Catedral de Santander. Marcelino Menéndez Pelayo aparece con hábito de franciscano. Una curiosidad que acaso no sea muy conocida es que el artista usó para la cara del sabio montañés el molde correspondiente a Pablo Iglesias, fundador del PSOE, tal era su parecido.
Menéndez Pelayo y el catalán
Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 11 de septiembre de 2011.
Menéndez Pelayo y el catalán
Marcelino Menéndez Pelayo es una figura incómoda para los “catalanistas” y yo diría que para los “españolistas”, aunque esto suene contradictorio. Él fue el “castellano” que primero estudió con detalle y bien atinado criterio la literatura catalana, ponderándola hasta el punto de ponérsela delante de los ojos a los propios catalanes, desconocedores algunos de autores capitales de su idioma. Obras de Jacint Verdaguer, Narcís Oller o Miquel Costa merecieron los elogios de Menéndez Pelayo, conocedor hasta el tuétano de los vericuetos de la historia literaria manifestada en catalán. Su programa de historia de la literatura española, presentado a la oposición a la cátedra de la Universidad Central de Madrid en 1878, reservaba un espacio notable a las literaturas catalana y galaico-portuguesa, denominadas “españolas”. Naturalmente, bien sabido es que Menéndez Pelayo cursó los dos primeros años de su carrera en la Universidad de Barcelona, donde conoció el magisterio del filósofo Javier Llorens y sobre todo asistió a las clases de Manuel Milá y Fontanals, catedrático de Estética, que le influiría notablemente; Milá le dejó en herencia la mayor parte de su archivo y él preparó la edición de los ocho volúmenes de sus obras completas, en un esfuerzo colosal que no ha vuelto a repetirse en torno a la figura del profesor de Vilafranca del Penedés. Pero es que Menéndez Pelayo sabía, (continuar…)














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