Artículo de M. Cortes en su blog Me sé cosicas.
¿De quién es la reforma educativa?
Artículo de M. Cortes en su blog Me sé cosicas.
¿De quién es la reforma educativa?
Con la celebración este 2012 del centenario del fallecimiento de Marcelino Menéndez Pelayo (el 19 de mayo), La palabra olvidada lanza su Galería Menéndez Pelayo por entregas, en la cual podrán verse numerosas fotografías y reproducciones gráficas en torno a la figura del erudito.
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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 22 de abril de 2012.
¿”The Waterboys” en Santander?
¿Sería cierto que “The Waterboys” tocaban en Santander el viernes 20 de abril? ¿Sería verdad la noticia de que en esta humildísima capital de provincias, ejemplo de desgraciada gestión cultural, rica en parcialidades, y con un catálogo musical bastante previsible, se iba a poder escuchar en vivo y en directo a uno de los más importantes grupos británicos de las últimas décadas? ¿Acaso sería una broma cruel el cartel que vimos pegado con triste celo en una húmeda pared del Río de la Pila, una cotidiana noche lluviosa santanderina? ¿Aquella banda del disco “This is the sea”, a la que pudimos ver gratis (¿) en la Semana Grande de Bilbao hace tres años, iba a tocar en Santander? El dato fue confirmado con el grave golpe de nuestra inminente ruina económica: cuarenta euros nos daban acceso a un concierto poco menos que increíble, que tendría lugar en el surrealista Escenario Santander del parque de Las Llamas, un lugar indefinido entre el hangar y el teatro de a pie, almacén de sonidos domesticados lejos del mundanal ruido de la ciudad, en un extremo de ese otro parque domesticado que es la vaguada de Las Llamas. Tiene el Escenario Santander, al parecer, yo no lo sabía, una zona vip, que se reserva a los amigos de las entidades oficiales de la gestión cultural. Para el resto del público está reservado el patio, convertido en espejo del mundo, con cuarentones respetuosos, parejas nostálgicas, grupos de amigos reconciliándose con su pasado, algún que otro caradura que gana posición a empujones y borrachos desnudos de cintura para arriba. Pero el espectáculo, aunque algún energúmeno lo pretenda, no está en el patio, sino en el escenario. Aquí sí. Aquí no valen provincianismos ni bobadas. Vamos a ver a unos grandes de la música. Aparecen puntuales, como caballeros británicos (¡cuántos mindundis hacen esperar al público, desesperándoles!). Steve Wickham, el violinista, uno de los dos históricos de la banda. Y, por supuesto, Mike Scott, fundador de “The Waterboys” en 1981. Están de gira por España para presentar su último disco, “An appointment with Mr. Yeats”. Su presencia en el escenario es arrolladora. Alguien me da una de las claves: Mike Scott no toca sólo para el público, sino especialmente para sí mismo. Lo entiendo no como una manifestación egoísta, sino como una vivencia personal del creador, que vive la música, que la lleva dentro y que pide al público que se abstenga de fumar. Comienzan con “The hosting of the shee”, primera canción del nuevo disco, que está generosamente representado en el repertorio del concierto. Mike Scott trae al poeta irlandés William Butler Yeats (1865-1939), le reinventa, le recrea recreando, a su vez, sonidos que son como un espléndido resumen de las influencias del grupo, proyectándose de manera magistral. Mike Scott ha contado que en 1990 le regalaron en Galway (Irlanda) un ejemplar de la poesía completa de Yeats, que le había servido de estímulo para este meditado conjunto de canciones (nada menos que catorce, en el disco publicado), cuyas letras son poemas de Yeats tomados de libros como “El viento entre los juncos”, “La rosa secreta” y “Últimos poemas”. La relación de Scott con la literatura anglosajona es tan intensa que prácticamente la trayectoria de “The Waterboys” es indisoluble de una inspiración literaria tan compleja como los caminos musicales del grupo, desde el folk al rock “duro”. El grupo interpreta temas ya clásicos y deja para los bises los imprescindibles “A man is in love”, “The whole of the moon” y “Fisherman´s blues”. Nada que añadir: ellos se bastan y sobran y hasta bailan en el escenario su propia mascarada mágica. Sin embargo, junto con todo su repertorio más conocido, impresiona Mike Scott recitando a Yeats, regresando al “oráculo délfico” o cabalgando con huestes antiguas: “Y no te quedes donde el fuego brilla, / llenando el corazón con un sueño mortal; / pues los pechos palpitan y los ojos fulgen: / sal al crepúsculo oscuro, sal, ven aquí”… Yeats está más vivo que nunca, encarándose a su futuro, que es el nuestro, con la música neorromántica y folklórica y pendenciera de “The Waterboys”, que no han renunciado al misterio ni se han rendido a lo facilón. Ahí radica el encanto de estos viejos jóvenes rockeros. Nadie sabe hoy domingo si, en efecto, “The Waterboys” tocaron el viernes en Santander. La literatura de Yeats lo demuestra: “¡Quisiera que fuéramos, amada mía, pájaros blancos en las espumas del mar!”…
Artículo de María Crespo.
La pregunta como constante. Adiós a Wislawa Szymborska*.
“(…)Porque lo que oigo,
lo que se escribe,
resulta poco,
siempre poco.
Nuestra habla es endeble,
sus sonidos de pronto – pobres.
Con empeño busco ideas,
busco esta palabra -
y no la encuentro.
No la encuentro”
Publicado el 14 de marzo de 1945 en Dziennik Krakowski (Diario de Cracovia).
La polaca Wislawa Szymborska, ganadora del Premio Nobel de Literatura en 1996, murió en febrero de este año sin que nos hayan dejado sordas las trompetas que preceden a las elegías y recuerdos en su memoria. Es una lástima que una noticia así no se reproduzca en conversaciones cotidianas y se repita su nombre hasta la saciedad (aunque sea difícil) y tengamos sus poemas en la cabeza de tanto repetirlos en programas especiales de televisión y radio. Claro que estoy fantaseando con un mundo en el que los agentes de cultura no son ni muchísimo menos las personas titulares del puesto político de turno. Un mundo en el que la pérdida de un hombre o de una mujer de la cultura se vive como una pérdida en nuestra historia personal. Un mundo que ha superado los acontecimientos de los que Szymborska fue contemporánea: la guerra, el ascenso de los fascismos y sus terribles consecuencias, la deshumanización.
Wislawa Szymborska nació en 1923 en Kórnik, Polonia, y estudió Literatura y Sociología en la Universidad Jagellónica de Cracovia. Según diversas fuentes no pudo acabar sus estudios por motivos económicos. Desde su paso por la Universidad, comenzó a publicar poemas en revistas y su primer libro data de 1945. Inevitablemente, refleja la época que le tocó vivir, un período de guerra y deshumanización en el que la cultura y, concretamente, la poesía, servía de espacio para albergar las incertidumbres acerca del futuro de la humanidad. Lo que no se preguntaba ideológicamente en la política se trasladaba a una poesía que, como la de Szymborska, es ejemplo de la inquietud de la época. Una inquietud que su obra reflejó siempre, como en este extracto del poema “Fin y Principio”, de 1993: “Después de cada guerra/alguien tiene que limpiar./No se van a ordenar solas las cosas,/digo yo. Alguien debe echar los escombros/a la cuneta/para que puedan pasar/los carros llenos de cadáveres/Alguien debe meterse/entre el barro, las cenizas,/los muelles de los sofás,/las astillas de cristal/y los trapos sangrientos./Alguien tiene que arrastrar una viga/para apuntalar un muro,/alguien poner un vidrio en la ventana/y la puerta en sus goznes./Eso de fotogénico tiene poco/y requiere años./Todas las cámaras se han ido ya/a otra guerra (…)”.
Acercarse al objeto “ser humano” fue uno de sus principales objetivos y para ello no dudó en usar la ciencia para interrogarse una y otra vez, usando muchas veces las respuestas como preguntas, del mismo modo que la persona científica se interroga acerca de su objeto y su papel como manipuladora y estudiosa de ese objeto que, lejos de dejarlo inmaculado, lo transforma y lo cambia con su sola curiosidad.
Leo que en el discurso de recogida del Premio Nobel de Literatura (que ganó en 1996) se acordó no de los escritores polacos, sino de su compatriota (ganadora del Nobel de Física y del Nobel de Química) Marie Curie, a la que elogió por haberse dicho “no sé”. De este modo quedaba patente la influencia de la ciencia en el humanismo de Szymborska. Me parece que la humildad es una característica a veces sobreactuada de manera absurda. Pero en una persona como Marie Curie, paradigma de la mujer inteligente y trabajadora exactamente igual al hombre, la humildad se convierte en una virtud sobresaliente. Y no digamos en una poetisa que recibe el mismo galardón y cuyo mayor mérito que se reconoce en sí misma es el haberse hecho preguntas. Creo que eso nos da una lección a todas las personas: somos incapaces de saberlo todo o saber de todo. La pregunta, sin embargo, es la puerta al conocimiento. Como escribe en el poema Falta de atención: “Ayer me porté mal en el cosmos./Viví todo el día sin preguntar por nada,/ sin sorprenderme de nada.”
Cuando este tipo de personas se va, deja un vacío que no creo que nunca se llegue a llenar del todo. Sus caracterizaciones del ser humano, el análisis de la guerra, el uso de la ironía constante como arma contra los fascismos… todos estos recursos son a la vez acertadísimos y necesarios para comprender nuestra propia Historia. Creo que se hace muy poco por mujeres sobresalientes de esta clase. La falta de investigaciones, análisis y referencias a todo el grueso de mujeres que han escrito en todos los géneros (ensayo, poesía, novela…), investigado, etc… es casi insultante comparado con los homenajes en mayúsculas, recuerdos y laudatorias que se hacen por sus contemporáneos masculinos. Esperemos que eso cambie de una vez porque estamos negando un legado cultural importantísimo y nos estamos haciendo demasiado iguales. Acerquémonos a otras realidades, abramos el abanico de las bibliografías, no esperemos hasta su muerte para conocerlas. Desde aquí sirvan estas palabras como homenaje a una poetisa del siglo XX para la que la amistad y el sentido del humor fueron esenciales en una producción poética pequeña pero inestimable.
Las tres palabras más extrañas
Cuando pronuncio la palabra Futuro,
la primera sílaba pertenece ya al pasado.
Cuando pronuncio la palabra Silencio,
lo destruyo.
Cuando pronuncio la palabra Nada,
creo algo que no cabe en ninguna no-existencia.
Versión de Abel A. Murcia extraída de la web amediavoz.com.
*La poesía de Wislawa Szymborska está publicada en castellano en: Fondo de Cultura Económica de España (México), Editorial Hiperión (Madrid), Bartleby Editores (Madrid), Igitur (Tarragona), Editorial Lumen (Barcelona).
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Artículo de Mario Crespo, publicado en el diario ALERTA de Cantabria. 8 de abril de 2012.
En memoria de Juan Antonio Pereda de la Reguera
El pasado 20 de marzo ha fallecido en su Santander natal, a los 89 años, Juan Antonio Pereda de la Reguera, presencia constante en cuantas iniciativas culturales se han realizado en nuestra tierra en las últimas décadas, muchas veces en un segundo plano, pero otras fomentando homenajes y ediciones como dinamizador de iniciativas. A Juan Antonio, “Toño”, le conocí en las reuniones del Centro de Estudios Montañeses, del que era uno de los socios más veteranos. Pero tuve la ocasión de frecuentarle en las reuniones de su casa en “Villa Pereda”, en el paseo de Canalejas, y por supuesto gracias al contacto con otros Pereda, miembros de una de las familias de mayor repercusión cultural en Cantabria, y gracias a la amistad de su mujer, la pintora Gloria Torner, artista permanentemente joven, y de su hija, Gloria Pereda Torner. Recuerdo la imagen juvenil de Gloria Torner pintando en Puerto Chico, en el folleto de la que creo que fue su primera exposición individual en el Ateneo de Santander, a principios de los sesenta. Por entonces los hermanos Pereda de la Reguera eran ya prohombres de la cultura santanderina. Manuel, escultor, novelista e historiador, fue vicepresidente del Centro de Estudios Montañeses y presidente del Ateneo. Otro hermano, Ángel, fue jefe de Medicina Nuclear de Valdecilla. Acaso la trayectoria de Juan Antonio no fuera tan prestigiada en puestos relevantes como la de sus hermanos, pero en él se ha destacado, aparte de diferentes negocios empresariales, su participación en varias federaciones deportivas, consecuencia de su gran afición a la esgrima, el tiro o la hípica. Volcado en la irrefrenable vocación pictórica de Gloria Torner, y más tarde de su hija, conoció a numerosas personalidades de nuestra cultura. Fue el impulsor y coordinador de las treinta y tres ediciones que se hicieron de los “Homenajes a los artistas cántabros” en Cabezón de la Sal, desde 1974 hasta 2007. Cada mes de agosto, gracias a Juan Antonio y el apoyo de diversas entidades, el ayuntamiento cabezonense acogía el homenaje público a un artista ya fallecido, empezando por César Abín en 1974 y acabando por Esteban de la Foz en 2007. Ahorro al lector el listado de artistas homenajeados, aunque es toda una acertada panoplia de nombres propios de nuestra cultura. Un monumento de desafortunada factura, en el parque del Poblado Cántabro, deja constancia de estas conmemoraciones. No volverá a tener ese ayuntamiento un colaborador tan pertinaz y gustoso del encuentro de diferentes sensibilidades en torno al arte, capaz de concitar tantos impulsos para celebrar la creación plástica y la poesía. En el recuerdo de quien ya no podrá ver cualquier acto en que se reivindique su papel, tendría un notable interés la edición, en un libro homenaje, de los cataloguitos editados por Juan Antonio cada año, dedicados a cada artista, con ilustraciones y textos de críticos que a veces se escribían expresamente para este notable fin. No sería algo demasiado costoso y cumpliría un doble objetivo: dejar constancia de una actividad cultural inaudita en Cantabria y homenajear a quien lo impulsó, con ilusión admirable. Fue Juan Antonio editor cuidadoso. Suya es la preparación de las ediciones de “Gloria Torner en la voz de los poetas” (conozco la de 2001), preciosa antología de la pintura de Gloria trastocada en la poesía de los amigos. Recuperó viejas caricaturas parisinas de su amigo César Abín, publicadas por primera vez en 1932, en el libro “Retratos de artistas, críticos de arte y marchands” (2003). Además preparó la obrita de su hermano Manuel “¿Quiso Cervantes montañés a don Quijote?” (2005), que permanecía inédita desde su lectura en el Congreso Cervantino de 1978. Y seguramente estuvo detrás de otros títulos que se me escapan ahora. Juan Antonio era un hombre muy cordial. Nadie puede negar su simpatía; rara vez, sobre todo en sus reuniones familiares, pasaba mucho tiempo sin que emanara de su semblante una sonrisa que casi siempre era contagiosa. Dotado de una proverbial generosidad, quienes le han tratado pueden afirmar que sus actos le alejaban de otros contemporáneos carentes de cualquier sentido altruista. Seguramente era consciente de que, con independencia de lo que exista al otro lado de la muerte, la vida hay que llenarla de actos provechosos y conciliadores. “Toño”, lo digo con orgullo y agradecimiento, me proporcionó materiales importantes de su propio archivo para la realización de algunos libros. Su biblioteca, con ese desorden maravilloso que tienen las bibliotecas vivas, ha sido testigo de una existencia cuajada en el amor a la cultura, y en ella puede encontrarse un material que, por desgracia, es raro en otras bibliotecas, incluso públicas. Juan Antonio Pereda de la Reguera ha sido una las personas más buenas que he conocido. Y aquí dejo en palabra algo de su recuerdo, que siempre ha de acompañarnos para mirar la cultura desde ese lado amable y generoso que le da el más profundo de sus sentidos.
El viernes día 30 de marzo, a las 8 de la tarde, se presenta en el Salón de actos de la Biblioteca Central de Cantabria (Ruiz de Alda) el número 100 de la revista de literatura infantil y juvenil Peonza.
El acto incluye también la presentación de la serie de azucarillos de Café Dromedario “A vueltas con la peonza” (textos ilustrados sobre este juego) con el que la empresa cántabra participa en la celebración del 25 aniversario de la revista.
Intervendrán Marta San Emeterio, por la Biblioteca Central de Cantabria, Diego Gutiérrez del Valle y Alberto Sebastián Gutiérrez, por el Equipo Peonza, el colaborador de la revista, periodista e investigador de la tradición oral de Cantabria, Jesús García Preciado y Alberto Vidal, Director de Marketing de Café Dromedario.
El acto supone el arranque de un amplio programa que incluye la exposición “El espacio mágico: 25 años de Peonza – 25 años de Ilustración en España” (Palacete del Embarcadero, 2 a 30 de abril), entre otras actividades.
En su transcurso, se hará un recorrido por los contenidos del número. Por una parte: la actividad desarrollada por el Equipo (Talleres de Ilustración, Salones del Libro Infantil y Juvenil, trabajo en prensa, otros libros). Por otra: un repaso al panorama de la literatura infantil y juvenil en el período 1986-2012, con artículos de análisis de varios especialistas, y una Biblioteca con los libros para niños y jóvenes más destacados publicados en estos 25 años.
Una idea que recorre las páginas del número es que Peonza obedece a un empeño colectivo protagonizado por sus lectores y suscriptores, colaboradores (escritores, ilustradores, críticos), editoriales del sector, librerías y bibliotecas, a los que corresponde el reconocimiento y agradecimiento del Equipo de redacción de la revista.
SUMARIO REVISTA PEONZA Nº 100. Abril 2012 Año XXVI
EDITORIAL: 25años y cien números después
ARTÍCULOS:
Adivina el parpadeo de una peonza allá a lo lejos (Javier Flor Rebanal)
La aventura de peonza (Javier García Sobrino)
Un Camino largo y lleno de experiencias (José Luis Polanco Alonso)
Peonza en la prensa (De Hadas y Piratas) (Paciano Merino)
Taller de ilustración en Villa Iris 2000-2002(Juan Gutiérrez Martínez Conde)
El Salón del Libro Infantil y Juvenil de Cantabria (Diego Gutiérrez del Valle)
Y también los libros (Encarnación Espinosa Astillero)
Desde los tiempos del Rey Perico (Jesús García Preciado)
Mil palabras para una imagen: Un pequeña peonza sueña (José Luis Polanco Alonso)
25 AÑOS DE LITERATURA INFANTIL:
*Reconocimiento de la LIJ (Luis Miguel Cencerrado Malmierca)
*LIJ e investigación (Teresa Colomer)
*La LIJ y las bibliotecas escolares (Mariano Coronas Cabrero)
*25 años de enhorabuena (Teresa Duran)
*Peonza. 25 años dando buenas vueltas… (Ana Garralón)
*La peonza gira y gira… (Arturo González )
*Algunas voces (Raquel López)
*Juul (Juan Mata)
*Infancia literaria (Víctor Moreno)
*Autores y compromiso (Miguel Rodríguez Fernández)
BIBLIOTECA: 25 años de libros infantiles y juveniles en España
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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 18 de marzo de 2012.
Presentación de la revista “Turia”
El pasado jueves se presentó en Santander el número 101-102 de la revista turolense “Turia”. El acontecimiento reunió a un nutrido público. De hecho, creo que pocas veces, al menos en los últimos años, se han concitado en un mismo acto tantas personalidades culturales cántabras tan variadas y divergentes. La ocasión lo merecía, ya que “Turia”, además de Premio Nacional al Fomento de la Lectura, es una de las revistas culturales más importantes, consolidadas y longevas de España. Nacida en 1983, y con una periodicidad cuatrimestral, sus páginas se dedican a la narrativa, la poesía, el contacto con autores a través de la entrevista y la crítica literaria. Además, en cada número preparan un dossier monográfico dedicado a un escritor y dan cabida a jóvenes creadores. Se concibe como un espacio de encuentro y pluralidad, como son en sí mismas las creaciones culturales: el medio millar de páginas de este doble número lo demuestra. Una revista hecha en Teruel, tierra de convivencia e histórico contacto entre culturas. La ocasión de presentar el último doble número de “Turia” en Santander venía perfectamente justificada por hechos notables. El principal, sin duda, el homenaje a Gerardo Diego en el 25º aniversario de su fallecimiento. Es prolijo el “cartapacio” a él dedicado, con artículos firmados por los más exiguos especialistas en el poeta santanderino, Bernal, Díez de Revenga, Neira, Bonet, Díaz de Guereñu, Morelli, Siles, Teruel, Gallego, Moga, González Fuentes, Candelas Gala, Lostalé, Sánchez Ochoa y Elena Diego, que introduce, además, unos poemas de su padre. Acompaña este especial una útil biocronología del poeta. Otro recuerdo santanderino en “Turia” es el artículo de Ramón Mandado Gutiérrez sobre Menéndez Pelayo, resumen de la revisión de su figura en el oportuno contexto de su centenario. Además la revista dedica un espacio, en su amplia sección de poesía, a textos de autores cántabros pertenecientes a las últimas décadas de creación poética. Como el director de la revista, Luis Carlos Maícas, reconoció en la presentación, valiéndose de la conocida excusa, no están todos los que son, pero sí son todos los que están, y ello, siendo cierto, es reseñable en una selección de este tipo. Interesa constatar, además, que los cántabros no se leen en un aparte, sino que están integrados en todo el corpus poético que presenta la revista, constatándose, en su propia organización de contenidos, su voluntad integradora. Es obligado citar la publicación en este volumen de un cuento inédito de Álvaro Pombo titulado “La casona” y un capítulo de una novela también inédita de Manuel Gutiérrez Aragón, “Gloria mía”. No he dicho aún que la presentación de la revista encontró en Jaime Siles al adecuado portavoz y comentador. Los organizadores han ido sobre seguro. El reconocido poeta y catedrático de Filología Latina de la Universidad de Valencia, en la actualidad profesor visitante en la universidad de Clermont-Ferrand, es un asiduo de los actos literarios más notables que se organizan en Cantabria, por ejemplo en la UIMP, y siempre es un placer escucharle, tanto por su amenidad como por su desbordante cultura. Don Jaime Siles no sólo es un maestro de la palabra, sino uno de nuestros catedráticos más eminentes, uno de esos profesores en los que parece que se vivifica toda una tradición filológica llena de rigor y amor por la cultura llevada a lección y creación. Pocos conferenciantes podemos escuchar hoy en día que manifiesten tanta pasión y tanta ajustada clarividencia para alumbrar referentes, influencias y datos. Por cierto, uno de los aspectos que de Gerardo Diego destacó Siles fue que su periódico en Santander no era “El Diario Montañés”, sino “ALERTA”, cabecera que siempre dio noticia de sus principales actos y en la que publicó numerosos artículos. Por otro lado, el acto del jueves concitó una variada presencia institucional, respondiendo a los distintos estímulos y auspicios que hacen posible la revista. Estaban el alcalde de Teruel, los directores generales de Cultura de Aragón y Cantabria, un representante de la Diputación de Teruel, el concejal de Cultura del Ayuntamiento de Santander y la directora de la Fundación Gerardo Diego. La colaboración entre autonomías y administraciones no sólo es posible sino necesaria e imprescindible, máxime en la coyuntura en que estamos. La revista “Turia” es un ejemplo de integración de esfuerzos en torno a la belleza de la palabra y el misterio de la poesía, que en este doble número se nos ofrece personificado en Gerardo Diego y en tantos creadores e investigadores que le renuevan cada día.
El temblor del anti-héroe
Ahora que Álvaro Pombo vuelve a las voces de los santanderinos de pro, debido al reciente premio Nadal recibido por su novela “El temblor del héroe”, me surgen una serie de cuestiones en torno a su figura y a la de los que ahora pueblan las páginas de los periódicos (o quizá debería decir “el periódico”) de Cantabria de contenidos “pombianos”. La primera de ellas es, sin ninguna duda, el vacío que se encuentra desde la controversia entre ciudad y escritor hará unos años por un asunto que no cabe mencionar ahora, hasta, quizá, los comienzos de su candidatura política al Senado por UPyD. Siempre me ha llamado la atención la facilidad con que la ciudad de Santander y sus supuestos estandartes culturales olvidan las que, por otro lado, han sido afrentas en su momento insalvables para ellos. Lo que no me extraña en absoluto, para bien o para mal, es la aceptación gozosa con la que Pombo ha acogido este nuevo cariño y esta nueva atención que le prestan. No es el único caso que hemos vivido en la ciudad de Santander, algún que otro personaje disfruta de las viandas que la cultureta santanderina le prepara –quizá esperando una lógica compensación, no económica, sino de prestigio y escalafón intelectual-; son, sin embargo, más numerosos los casos de personajes completa e injustamente olvidados por la crema de la intelectualidad de esta “capi” tan puntera, por mencionar algunos nombres: los fallecidos Leopoldo Rodríguez Alcalde y Pablo Beltrán de Heredia, y otros personajes que, a pesar de lo que la mayoría pueda pensar, continúan vivos en algún lugar de nuestra tierra, como Rafael Gómez de Tudanca (quien fuera secretario de José María de Cossío y director de la Casona de Tudanca, que tanto le debe y que tan poco le ha dado tras su marcha).
Pero, en fin, hablamos de los que sí están siendo atendidos por la prensa, a los que se les rodea de flores y uvas, en báquica pero lánguida fiesta. Puestos a celebrar a algún personaje nacido de estas costas, yo también prefiero que sea Álvaro Pombo; otros con menos méritos salen continuamente a la palestra. Sin embargo, atendiendo un poco, y sólo un poco, como un mero lector amateur y un simple “curioseador” de noticias, es fácil darse cuenta de la impostura no ya social sino personal de la filosofía vital del personaje. Álvaro Pombo promueve en entrevistas y novelas el recurso de la acción; la acción como motor de la vida, de la vida sustancial. Reniega de esa gente –común en los barrios santanderinos de ésta y otras épocas- a las que él mismo califica de “faltos de sustancia”. Con el filósofo José Antonio Marina como el Apolo o quizá el Hermes que guía su pensamiento libertador, nos da unas claves de vida que, queridos amigos, distan mucho de ser el fiel reflejo de su realidad vital. El Álvaro Pombo que se deja conocer por el ente público, por la más vulgar masa, es un Álvaro Pombo prefabricado. Es un ser social gustoso de la parafernalia con que ahora le adornan en Santander. Es, aparentemente, un hombre maleado en el trabajo. Es, por lo que parece, en fin, un empirista.
Nada más lejos. Y aquí habrá gente que considere mis palabras impropias y falaces, lo cual acepto y respeto, por cuanto otros muchos como yo se creerán en la capacidad de analizar a un personaje tan controvertido como éste. El Álvaro Pombo que yo veo tras los renglones de sus novelas –cada vez más absurdas y vacuas (aunque reconozco que aún no he leído este último “temblor del héroe”)- es un ser no partícipe de su vivencia, sino de sus personajes. Hombre solitario por elección, aunque esta elección no sea propia, quizá, sino más bien la apropiación de una coraza para evitar ser quien todo el mundo, desde su infancia, esperaba que fuera. Amante en la sombra, obsesionado con el fin y la desgracia; demasiado orgulloso para conseguir sus objetivos, sino es tras el biombo de sus más conflictivos y ambiguos personajes, resumidos, finalmente, quizá, en Salazar (“Contra natura”). Con todo, una persona compleja, alejada de todo lo que representa la feminidad, pero no entendida desde el prisma occidental, una feminidad que expresa lo que otras sabidurías –tan buenas o incluso mejores que la nuestra- han reflejado en ella; ese ying del mundo, lo difícil, lo oscuro, lo materno.
No quiero que entiendan mis palabras como un ataque personal contra un escritor que, por otro lado, sólo me ha proporcionado, en los casos más graves, una mala lectura –y reconozco que han sido varias las que han resultado buenas lecturas-. Esto es, nada más, la expresión de mi asombro ante la situación actual, en la que a una persona como Álvaro Pombo, tan poco desentrañada, sólo se la requiere para seguir siendo “un actor frustrado”, según sus propias palabras.
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