Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 22 de abril de 2012.
¿”The Waterboys” en Santander?
¿Sería cierto que “The Waterboys” tocaban en Santander el viernes 20 de abril? ¿Sería verdad la noticia de que en esta humildísima capital de provincias, ejemplo de desgraciada gestión cultural, rica en parcialidades, y con un catálogo musical bastante previsible, se iba a poder escuchar en vivo y en directo a uno de los más importantes grupos británicos de las últimas décadas? ¿Acaso sería una broma cruel el cartel que vimos pegado con triste celo en una húmeda pared del Río de la Pila, una cotidiana noche lluviosa santanderina? ¿Aquella banda del disco “This is the sea”, a la que pudimos ver gratis (¿) en la Semana Grande de Bilbao hace tres años, iba a tocar en Santander? El dato fue confirmado con el grave golpe de nuestra inminente ruina económica: cuarenta euros nos daban acceso a un concierto poco menos que increíble, que tendría lugar en el surrealista Escenario Santander del parque de Las Llamas, un lugar indefinido entre el hangar y el teatro de a pie, almacén de sonidos domesticados lejos del mundanal ruido de la ciudad, en un extremo de ese otro parque domesticado que es la vaguada de Las Llamas. Tiene el Escenario Santander, al parecer, yo no lo sabía, una zona vip, que se reserva a los amigos de las entidades oficiales de la gestión cultural. Para el resto del público está reservado el patio, convertido en espejo del mundo, con cuarentones respetuosos, parejas nostálgicas, grupos de amigos reconciliándose con su pasado, algún que otro caradura que gana posición a empujones y borrachos desnudos de cintura para arriba. Pero el espectáculo, aunque algún energúmeno lo pretenda, no está en el patio, sino en el escenario. Aquí sí. Aquí no valen provincianismos ni bobadas. Vamos a ver a unos grandes de la música. Aparecen puntuales, como caballeros británicos (¡cuántos mindundis hacen esperar al público, desesperándoles!). Steve Wickham, el violinista, uno de los dos históricos de la banda. Y, por supuesto, Mike Scott, fundador de “The Waterboys” en 1981. Están de gira por España para presentar su último disco, “An appointment with Mr. Yeats”. Su presencia en el escenario es arrolladora. Alguien me da una de las claves: Mike Scott no toca sólo para el público, sino especialmente para sí mismo. Lo entiendo no como una manifestación egoísta, sino como una vivencia personal del creador, que vive la música, que la lleva dentro y que pide al público que se abstenga de fumar. Comienzan con “The hosting of the shee”, primera canción del nuevo disco, que está generosamente representado en el repertorio del concierto. Mike Scott trae al poeta irlandés William Butler Yeats (1865-1939), le reinventa, le recrea recreando, a su vez, sonidos que son como un espléndido resumen de las influencias del grupo, proyectándose de manera magistral. Mike Scott ha contado que en 1990 le regalaron en Galway (Irlanda) un ejemplar de la poesía completa de Yeats, que le había servido de estímulo para este meditado conjunto de canciones (nada menos que catorce, en el disco publicado), cuyas letras son poemas de Yeats tomados de libros como “El viento entre los juncos”, “La rosa secreta” y “Últimos poemas”. La relación de Scott con la literatura anglosajona es tan intensa que prácticamente la trayectoria de “The Waterboys” es indisoluble de una inspiración literaria tan compleja como los caminos musicales del grupo, desde el folk al rock “duro”. El grupo interpreta temas ya clásicos y deja para los bises los imprescindibles “A man is in love”, “The whole of the moon” y “Fisherman´s blues”. Nada que añadir: ellos se bastan y sobran y hasta bailan en el escenario su propia mascarada mágica. Sin embargo, junto con todo su repertorio más conocido, impresiona Mike Scott recitando a Yeats, regresando al “oráculo délfico” o cabalgando con huestes antiguas: “Y no te quedes donde el fuego brilla, / llenando el corazón con un sueño mortal; / pues los pechos palpitan y los ojos fulgen: / sal al crepúsculo oscuro, sal, ven aquí”… Yeats está más vivo que nunca, encarándose a su futuro, que es el nuestro, con la música neorromántica y folklórica y pendenciera de “The Waterboys”, que no han renunciado al misterio ni se han rendido a lo facilón. Ahí radica el encanto de estos viejos jóvenes rockeros. Nadie sabe hoy domingo si, en efecto, “The Waterboys” tocaron el viernes en Santander. La literatura de Yeats lo demuestra: “¡Quisiera que fuéramos, amada mía, pájaros blancos en las espumas del mar!”…










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