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Cuatro años son mucho (4º Aniversario “La palabra olvidada”)

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Cuatro años son mucho

Aunque sea mejor decir “cuatro años no son nada”, damos la vuelta a la frase tan manida y afirmemos, hoy que podemos, día 16 de octubre, que “cuatro años son mucho”, sobre todo en este mundo en que todo pasa y nada queda, o eso parece. Nos engañan con ráfagas, inmediateces y eventualidades pero, en realidad, uno de nuestros relojes marca lo que es más perdurable. Hace tiempo escribí sobre “La palabra olvidada”, el blog, ahora elevado a la categoría de página web, que mantiene desde hace justo cuatro añitos Lucía Fernández Segura como empresa cultural nacida de su pura voluntad. A su inquietud se debe, ante todo, la creación de un foro serio para la cultura, enlazado a otros de similares características pero que, en conjunto, permiten salvar de la idiotez imperialista y dominante al lector medio, dígase, el lector que no se conforma precisamente sólo con las noticias de portada de yahoo o que simplemente quiere completar su bagaje de informaciones con otros placeres estéticos. De ese derecho no nos puede privar ni siquiera el reguetón, pongo por caso. En esa cultura de trinchera que define en una reciente entrada Marcelo Cortés en su “Me sé cosicas”, caben espacios como este, un granito de arena en la inmensa playa de internet. En un ámbito, el cultural, que no anda falto de aprovechados, la creación literaria y crítica se hace más necesaria que nunca. En mi caso personal, como creo que no funciona la hemeroteca digital del diario Alerta, resulta que mis pobres y olvidables artículos de la sección dominical “El signo tenue” se salvan únicamente gracias a “La palabra olvidada” que les da un cobijo seguramente inmerecido que agradezco de nuevo. A esta “palabra olvidada” le hace falta crecer algo más, para que seamos muchos más los socios “olvidados” que demos curso por internet a nuestra particular indignación con tantas cosas o nuestro humildísimo aliento estético sobre otras. Vuelvo a desear, como hice hace tiempo, que Lucía Fernándze Segura no se desanime en este esfuerzo y que su proyecto siga gozando de las extrañas delicias de la elegancia, con la generosidad que le permite, por ejemplo, hacerme un hueco en su hermosa página.

Mario Crespo López para el 4º Aniversario de La palabra olvidada


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Entrevista recuperada a Leopoldo Rodríguez Alcalde (4º Aniversario “La palabra olvidada”)

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Entrevista recuperada a Leopoldo Rodríguez Alcalde (4º Aniversario "La palabra olvidada")

 

Leopoldo Rodríguez Alcalde (Santander, 13 de junio de 1920 – 20 de agosto de 2007), una de las personalidades más conocidas en la cultura santanderina, fue, además de escritor y crítico de arte, un notable poeta. Entre otras obras, dos antologías, Jugando a la vida (Santander, 1982) y Canciones para una biografía (Aldebarán, Madrid, 1995), además del libro de Mario Crespo La esfera de la dicha (2007), nos acercan a la obra poética de este intelectual. Recuperamos ahora en La Palabra Olvidada una entrevista que Mario Crespo hizo a su amigo Leopoldo en 2005 y que fue publicada en el Alerta de finales de ese año.

“Mi biblioteca es un gran regalo para la ciudad de Santander”

Si tenemos que hablar con alguien que guarde memoria de los hechos de Santander desde los años veinte, ése es, sin duda, Leopoldo Rodríguez Alcalde. Sus achaques de salud no le impiden hacer gala de una memoria prodigiosa de los acontecimientos sucedidos en la ciudad, incluso durante su infancia. Dos obras de Leopoldo son especialmente valiosas para el conocimiento de nuestra historia, Crónica del veraneo regio, divertida evocación de la presencia de los reyes en Santander y la ciudad del primer tercio del siglo XX, y Miradas y situaciones, sus memorias hasta finales de los cuarenta. A Santander, este poeta y crítico de arte, traductor y articulista, extraordinario lector, experto en casi todo lo que tenga que ver con la cultura del siglo,  le ha legado su valiosa biblioteca de 25.000 libros, además de su curiosa  colección de miniaturas. Entablamos diálogo una fría tarde de diciembre, en el despacho de su casa del Paseo Pereda, rodeados de miles de libros, mientras Cotera saca las fotos que ilustran estas páginas.

 

Mario Crespo y Rodríguez Alcade (aprox. 2002) en el Restaurante Goya de Santander

Mario Crespo y Rodríguez Alcade en el Restaurante Goya de Santander

El Santander de la primera mitad del siglo XX

Hay un libro que has publicado hace no mucho tiempo, Miradas y situaciones, que podríamos decir que son las memorias de parte de tu vida más o menos hasta finales de los cuarenta. Obviamente, Leopoldo, el Santander de esos años ha cambiado mucho con respecto al actual…

Desde luego que sí.

La fecha del incendio de febrero de 1941 seguramente sea una de las fechas clave de la historia de Santander, ¿no crees?

(Irónico). Hace muchos años había en el salón de ceremonias del Gobierno Civil tres grandes paredes que estaban cubiertas por magníficos murales de momentos cumbre de Santander, y éstos eran la peste del siglo XVI, la explosión del Machichaco y el incendio de Santander, ¡fíjate qué tres hechos más divertidos!

Leyendo tu libro uno se da cuenta de lo mucho que ha cambiado la ciudad por ejemplo en el ocio. Mencionas mucho el cine…

Ese cambio ha sido a nivel mundial. El cine hoy en día casi ha desaparecido, comparado con lo que fue. No tenemos más que ver que el Teatro Pereda, el Gran Cinema, el Coliseum…todo lo que parecía el triunfo del cine ha desaparecido. Para nosotros el cine era media vida. Medio tema de conversación era las películas que habíamos visto el día anterior. Y es que al cine iba todo el mundo. Ya sabías a las cuatro, a las siete o a las diez adónde ir.

También aparece el género frívolo y de la revista… ¡Y es que fuiste uno de los espectadores más prematuros!

Mi padre me llevó siempre con él desde que tenía cinco años. Se lo comentaba un día a Celia Gámez: “¡Y pensar que yo te he visto debutar!”. Y me decía: “¡Si tú no habías nacido!”. Y era verdad, no es que la viera en el día de su debut, pero sí en la primera obra que la hizo célebre, Las castigadoras.


“Los años de inicio del FIS los recuerdo como si los estuviese viendo ahora mismo”

 

Rodríguez Alcalde en una conferencia en el Ateneo

Rodríguez Alcade, conferencia en el Ateneo de Santander

Has tenido una gran vocación de teatro, has visto mucho teatro y has escrito teatro. Desde muyjoven has tenido mucho gusto por la escenografía…

Todo eso me viene del teatro y del cine.

Un cine que, por cierto, aparece en uno de tus primeros poemarios, Danza de medianoche.

Ahí todo es cine. Pero un cine que me inventaba yo a la vista de las películas.

Nosotros hemos hablado alguna vez de las destacadas figuras de tu padre y tu tío en el Santander del primer tercio de siglo.

Mi padre era el único especialista en cáncer hasta la creación del hospital Valdecilla. Además tenía aparato para el tratamiento con radium, sustancia que se empleaba para el cáncer. Era liberal, como casi todo el mundo lo era entonces. Mi tío Carlos era uno de los ginecólogos más importantes de aquella época.

Son aquellos veinte unos años interesantes para Santander, se forma el Ateneo, el Ateneo Popular…

Bueno, tampoco demasiado porque no había un ambiente literario. Escritores en los años treinta estábamos Paco Fuentenebro y yo.

Pero es verdad que a través de las relaciones sociales de tu padre conociste a personajes destacados de la ciudad…

Por de pronto a toda la plana mayor de la izquierda y a toda la plana mayor de la derecha. De la izquierda, Bruno Alonso, Matilde de la Torre, Paco Noreña, presidente del Frente Popular, Matilde Zapata, de quien guardo un recuerdo muy especial, y el diputado Ramón Ruiz Rebollo. Y de la derecha, Eugenio Vegas Latapié, hombre de confianza del Conde de Barcelona, José Luis Zamanillo, que fue presidente del partido requeté, Francisco Nárdiz, Ignacio Romero, Pedro Sainz Rodríguez, Eduardo Pérez del Molino…

Incluso tienes un recuerdo de José de Ciria…

Yo tenía dos años, pero guardo recuerdo de cuando me regaló un juguete, un gato mecánico.

Tienes otro libro, Leopoldo, Crónica del veraneo regio, donde recuperas a un cronista social, “Montecristo”.

Aparte de la crónica diaria que publicaba en El Imparcial, era conocido por una serie de artículos sobre los palacios de Madrid. Era el periodista mimado de los salones aristocráticos. Además, curiosamente, Montecristo había nacido en esta misma casa.

Has tratado el tema de la Universidad Internacional y los inicios del Festival en el Cancionero de Monte Corbán, tu primer gran libro de poemas, que sé que para ti es un libro especial.

Lo es. No por la Universidad o el Festival en sí, sino por el paisaje, los amigos… El escenario ha sido para mí muy importante, en todo poema mío sale a relucir el mar, el cielo, la luna… Esos cinco años, de 1947 a 1951, los recuerdo como si los estuviese viendo ahora mismo. Recuerdo la pequeña pandilla de amigos.

 

La creación literaria

Tu obra poética está recogida en Jugando a la vida y antologada en Canciones para una biografía. Leopoldo, ¿al poeta alguna vez le queda algo por escribir?

No, ni al poeta ni a nadie. Verás, lo que sale del interior de uno, sale todo, según sea cada cual. Lo que sale de uno, sale de uno nada más, no valen pandillas ni grupos literarios.

Tú eres de los que piensan que en poesía, además de una formación, tiene que haber sentimiento…

Fundamentalmente sentimiento. Sin sentimiento no hay poesía que valga.

Pero ya sabes que se ha calificado la poesía actual como muy cerebral o muy fría.

Pero esa frialdad procede al fin y al cabo de uno mismo.

Entre toda tu poesía, compuesta por una veintena de poemarios, ¿qué libro destacas?

Foto del pequeño 'Polín'

Fotografía de infancia de Leopoldo Rodríguez Alcalde

Para mí el mejor de todos es La sonrisa en el espejo. Para mí ése es el decisivo. Una serie de imágenes de la mujer en lo que me sugieren por sí mismas, pero inspirándome en cuadros. Procede de la carpeta que hice con Juan Cagigal.

Cuando se habla de tu poesía hay que mencionar además tu Antología de la poesía francesa contemporánea.

Sin duda. Abarca perfectamente la poesía francesa del año veinte al cincuenta y hoy podría reeditarse tranquilamente tal como está. En general, vale todo lo que aparece en ella.

Salió publicada en Proel, en el año cincuenta, y se nota que la hiciste con todas las ganas. Los versos están traducidos por un poeta.

Ya te digo, se puede reeditar ahora mismo, con un cambio de título, Treinta años de poesía francesa, o algo así.

Una de tus facetas más interesantes es la de traductor.

Es que siempre he tenido una facilidad enorme. Estoy leyendo el verso extranjero y se me queda en castellano. Con la peculiaridad de que el verso francés es fundamentalmente alejandrino o eneasílabo.

¿Qué destacas de aquellos años de Proel?

De aquella época quiero destacar el impulso que dio a la cultura en Santander el gobernador Joaquín Reguera Sevilla. Se limitaba a pagar las actividades, jamás nos imponía ninguna consigna a ninguno.

El día 20 hay en el Ateneo un homenaje a Ricardo Gullón, que es seguramente uno de los grandes personajes de la cultura del Santander de esos años cuarenta y cincuenta.

Desde luego. Tuvo una tertulia en La Austriaca, todos los domingos, durante años. Además fue un hombre tremendamente generoso con la gente joven, por ejemplo para prestar libros, muchos de los cuales no los había por aquí.

“Tengo unos cuatro mil libros sólo de teatro, español y extranjero”

No quiero seguir la entrevista sin mencionar a otro personaje importante, Ignacio Aguilera.

Aparte del impulso que dio a la biblioteca, el Festival Internacional tuvo su origen en él. Encontró la estupenda mano de Manolo Riancho, pero la iniciativa fue suya: “Vamos a hacer durante todo el curso actos nocturnos de folklore español”. Así empecé yo a tratar con él. En vista de esto se sacó a la calle y empezó el Festival. El primer año se celebró en Corbán, el segundo año en el Palacio de la Magdalena y después en el Hospital de San Rafael. Tuvieron éxito al principio las representaciones que montaba Tamayo con El gran teatro del mundo. Al principio no había


Aguilera es también el promotor de una colección antológica de escritores montañeses, algunos no han vuelto a ser ni estudiados ni editados desde entonces.
numeración de sillas, te sentabas donde podías. A los tres o cuatro años de aparecer el Festival ya estaba dentro de la Unión Europea de Festivales, que entonces estaba compuesta sólo por siete u ocho.

Llegaron lo menos a cincuenta libros. El único autor del que han aparecido nuevos textos, entre los que yo colaboré, ha sido Ciria, que precisamente apenas tiene obra.

¿Qué opinión te merece la poesía actual en nuestra región?

Hay gente como nunca, está animadísimo. Pero da la sensación de que no hay solidaridad, no hay pandillas ni grupos, va cada uno por su lado. El nivel es estimable, desde luego. Fíjate en la antología de mujeres que han hecho, son como veinte o treinta.

 

La biblioteca

Hay varios datos sugerentes de tu biblioteca. Uno de ellos es el hecho de que la crítica y el ensayo que has escrito han salido exclusivamente de la información que hay  en ella.

Eso que le encantaba decir a Menéndez Pelayo cuando hablaba de su Historiade las ideas estéticas, que había escrito sólo con su material. Yo he escrito todo con mis propios libros, no he tenido que recurrir a nadie.

Pero tú, Leopoldo, en realidad no eres un bibliófilo…

No, la biblioteca no tiene valor de bibliófilo. Lo que pasa es que tengo muchos libros agotados por los que muchos bibliófilos pagarían lo que fuera. Pero en cambio la biblioteca tiene todo el valor literario que quieras: toda la obra literaria mundial que podamos tener en España está aquí.

No estamos hablando sólo de literatura contemporánea…

No, también de clásicos, griegos y romanos, e incluso de literatura de países orientales, mucho menos conocida. Además de varios miles de libros en francés.

Y tienes una serie muy interesante de obras de teatro.

La serie de teatro es enorme, porque no bajarán de cuatro mil libros. Tengo prácticamente todo el teatro español hasta más o menos 1970: por de pronto, tengo enteras las dos grandes colecciones de La Novela Teatral y La Novela Cómica; solamente las dos son seiscientas piezas. Además tengo la colección de La Farsa, que comprendió desde el año 1926 hasta la Guerra. Y también muchos ejemplares sueltos de las colecciones que había por entonces, Comedias, El Teatro Moderno… O sea, del teatro español tengo todo lo importante y muchísimo de lo no importante, pero de éxito en la época, por ejemplo del teatro lírico. Ten en cuenta que del teatro frívolo del que hablamos tengo la mayor parte de los títulos. Y una colección prácticamente entera de libretos de ópera. Y luego el teatro actual extranjero, que deben de ser cerca de mil títulos. El teatro francés lo tengo prácticamente entero, hasta 1970. Lo importante del teatro universal está en mi biblioteca.

Pero, ¿cuál es el origen de este tesoro?

La biblioteca de mi padre, que tenía, entre otros, una colección enorme de libros de medicina. Además era muy buen lector: tenía completa la obra de Benavente, Zola, Víctor Hugo, Baroja, Galdós y Blasco Ibáñez.

¿Cuántos libros tienes aquí, en el piso?

Calculo que diez mil.

¿Y el resto?

Están en la biblioteca municipal. Allí habrá unos quince mil. En total estamos hablando de 25.000 libros.

La pregunta que se harán los lectores es si te los has leído todos…

Esa pregunta es inevitable, se hace siempre, y sienta como un tiro.

Lo interesante de la biblioteca, aparte de todo el uso que la has dado, es que es una biblioteca que queda para Santander, que es una riqueza cultural enorme.

En efecto, quiero destacar el conjunto de libros que queda para Santander. No se pueden comparar, pero mi biblioteca viene a completar las de don Marcelino y la de Cossío, en la medida de que tengo lo que no tienen ellos, lo actual.

 

La colección de arte

Tu colección de obra gráfica es la mejor de España, según Fernando Cordero, de la galería La Caja Negra, considerando las piezas aisladas y que pertenecen a una colección global con ejemplares imposibles de encontrar hoy en día.

Hay unos sesenta artistas de fuera de España.

De hecho ha habido varias exposiciones seleccionando la obra gráfica, en el Museo de Bellas Artes, la Fundación Botín, el Palacete del Embarcadero… ¿La obra gráfica es la parte más valiosa de tu colección?

En cierto sentido sí, porque la obra colgada no tiene unidad. Colgados tengo trescientos cuadros. Pero entre ellos tengo dos óleos de María Blanchard, tres óleos de Pancho Cossío, siete dibujos de Riancho, varias piezas de Benjamín Palencia, Álvaro Delgado, García Ochoa, Vaquero Turcios, Saez…

Además está, no nos olvidemos, la colección de miniaturas…

Tengo ciento cuarenta. Van a ir al palacio de la Magdalena, porque me ha parecido que teniendo en cuenta que la Magdalena es un recinto regio y que además se visita, pueden quedar allí muy bien colocadas.

 

 

 

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Qué es para ti la Literatura (II)

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Qué es para ti la Literatura (II)

Mario Crespo nos explica “Qué es para él la Literatura”, en el 4º Aniversario de La palabra olvidada

 

¿El engaño de la inmortalidad?

 

“Qué es para ti la literatura” es un interrogante que se plantea en segunda persona del singular. De manera que voy a ser lo más sincero y personal posible en mi respuesta, que por supuesto, y por lo dicho, no sienta ninguna cátedra. Prescindo, por lo tanto, de cualquier tipo de teoría literaria, lingüística o semiológica, con todo lo sugestivas y útiles que puedan ser. Respondo, pues, a lo que para mí es la literatura.

La literatura es una experiencia. Es un tiempo que dedico a otros tiempos, a otras vidas, a otras experiencias. Abrirme, por tanto, a otra experiencia del mundo que tal vez me enseñe algo de lo que es el mundo, no con fórmulas ni datos, precisamente, sino con intenciones, miradas, sensaciones y actos. Tiene una connotación, por tanto, histórica en su más puro sentido; pero también avanza un misterio de la historia y su capacidad de repetición, como cíclicamente parece que se repiten los actos de los hombres.

Naturalmente, todo ello tiene hondas implicaciones. La literatura es un goce estético que salva de la superficialidad y la irrespetuosidad cotidianas. Algo que me lleva más allá, por la vía de la palabra y sus enormes recursos para convertir una vulgaridad morfológica en una idea, creación única en su propio devenir.

La literatura es la manera más directa y clara de demostrar lo relativo del tiempo: con ella vivo otros tiempos. Y además tengo la ocasión de contemplarme en un espejo que me da el reflejo de mí mismo y también del otro: del autor, de los personajes, de lo que siento por ellos, del diálogo entre ellos.

La literatura, y he aquí para mí su mayor grandeza, es uno de los medios más nobles e incuestionables para engañarme pensando que puedo ser inmortal, puesto que lo son, en cierta forma, aquellos a quienes leo y aquellos sobre quienes leo.


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Entrevista a José Miguel Oviedo (4º Aniversario “La palabra olvidada”)

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Entrevista a José Miguel Oviedo (4º Aniversario "La palabra olvidada")

Entrevista a José Miguel Oviedo aparecido en el diario ALERTA. Por Mario Crespo.

 

“Vargas Llosa es  uno de los creadores más importantes que existen”


Coincidimos en los cursos de verano de El Escorial con el profesor José Miguel Oviedo (Lima, 1934), uno de los máximos especialistas en literatura hispanoamericana y autor de un estudio clave sobre Vargas Llosa, “La invención de la realidad” (1970). Amigo íntimo del Premio Nobel peruano desde la niñez, suya fue la idea de titular así su novela “La ciudad y los perros”. Profesor de varias universidades peruanas y norteamericanas (la última, Philadelphia), responde con simpatía envidiable a unas preguntas mientras nos acompañan su mujer, Marta. Repasa los inicios literarios de Vargas Llosa y de su grupo de amigos escritores en el Perú de los cincuenta.

 

Bueno, comencemos por donde te parezca…

Pues vamos a comenzar por Vargas Llosa…

Para variar.

¿Qué representa la figura la literatura de Vargas Llosa en la literatura mundial?

Es una pregunta simple y complicada pregunta al mismo tiempo. No cabe la menor duda de que el Nobel ha reconocido a uno de los escritores fundamentales de la literatura de nuestro tiempo, siglo XX y XXI. No sólo en el campo hispanoamericano o latinoamericano o de la lengua española, sino en cualquier lengua. Vargas Llosa está, creo yo, por su calidad estética, sus preocupaciones intelectuales, su visión de los problemas de nuestro tiempo (sociales, políticos, ideológicos…de todo tipo) entre los creadores más importantes que existen, europeos o no europeos, latinoamericanos o no latinoamericanos. El Nobel ha reconocido eso y nos ha permitido celebrar lo que ya sabíamos de hace mucho tiempo, que Vargas Llosa ha creado una obra vastísima, es uno de los escritores más fecundos que tenemos en nuestro tiempo, en donde podemos encontrar cada uno de nosotros todo. Es un escritor que habla a cada uno de muchas cosas y lo hace con una especie de intensidad, de claridad y de poder convicción muy notables. Hay pocos escritores que concilien o congreguen todas esas  cualidades en un solo cómputo. Así es que en ese sentido es excepcional.

Has afirmado que Vargas Llosa no escribe contra el lector, sino que lo cautiva.

A pesar de que en su obra hay una complejidad interna muy considerable, él tiene una cualidad muy curiosa, que te hace penetrar lo que en principio te parece impenetrable, te invita, te estimula a vencer esa inicial resistencia, esos enigmas que te parecen insuperables, porque tiene la cualidad de la solución, que es la cualidad fundamental de un buen escritor, creo yo. No se pone contra ti, te plantea desafíos y te propone correr riesgos de encontrar aspectos, niveles, personajes, situaciones complicadas, pero luego te da una recompensa, sabe agradecerte el gesto. En eso es un autor único, o uno de los pocos que tenemos en nuestro tiempo.

“Vargas Llosa ha creado una obra vastísima, es uno de los escritores más fecundos que tenemos en nuestro tiempo”.

Tú le conociste en el colegio la Salle…

Así es, fuimos compañeros no sólo de clase, sino de “carpeta”. En esa época éramos muy pequeños, éramos muchachos de nueve o diez años. Posiblemente para facilitar la comunicación entre nosotros teníamos carpetas en las que cabíamos dos, con un tintero… Mario llegó de La Salle de Cochabamba porque su familia se había refugiado en Bolivia. Llegó con la dificultad de venir del interior, de provincia. Y además tenía un acento arequipeño que lo hacía distinto. Entonces a Mario lo sentamos a mi lado y compartimos conversación: no recuerdo nada literario, hablamos de fútbol, qué se yo, cosas vanales, compartimos opiniones sobre las tareas…las cuestiones del mundo escolar. Estuvimos dos años juntos, primero y segundo de secundaria y luego Mario desapareció porque su padre lo metió en el Leoncio Prado.

[Interviene Marta y entre ambos aclaran que el Leoncio Prado era un colegio secundario, que no era escuela militar, sino que de ahí algunos iban a las escuelas militares]. O sea, José Miguel, que hay que dar por hecho que tus padres no te metieron en el Leoncio Pardo…

Felizmente no, no había ninguna razón. Yo era un estudiante bastante disciplinado; Mario era rebelde. Y su padre que se había enterado de que tenía vocación literaria y estaba criado por tías, abuelas, madre… le parecía que era una persona que no tenía la energía de un hombre: “Vaya usted a hacerse hombre con los militares”. Entonces yo me quedé en La Salle y le perdí el rumbo, pero me volví a reencontrar con él porque el grupo inmediato nuestro.

“En “Conversación en la catedral” aparece el padre del actual presidente electo del Perú, Ollanta Humala”.

 

¿Qué hizo Vargas Llosa después?

Cuando Mario terminó sus estudios se fue a Piura, al norte del Perú, donde ocurre “La casa verde” y se casó con “la tía Julia”. Para sostener su vida de joven casado desempeñaba simultáneamente siete trabajos, uno de los cuales era registrador de tumbas del cementerio nacional, con diecisiete o dieciocho años. Luego en el periódico “La Crónica” comenzó llevando los despachos, como un mensajero. Más tarde se inició como cronista policial y conoció el mundo de las prostitutas, ladrones, asesinos, gente del hampa que se reflejará mucho en “Conversación en la catedral”. Se convirtió en periodista, cuyo retrato imaginario es Zabalita, de “Conversación”, que escriba “cacografías”, nombre con el cual él designa la subproducción periodística.

 

¿Qué eran esas “cacografías”?

Las informaciones sobre los perros rabiosos de Lima que eran recogidos hacia las perreras municipales donde les mataban a palos. Mario escribía sobre esos temas, más bajo no se puede caer… Zabalita habla de las “cacografías”.

 

“Para sostener su vida de joven casado Vargas Llosa desempeñaba siete trabajos, uno de ellos registrador de tumbas del cementerio”.

Y vuelves a coincidir con él…

Más tarde. Mario se convierte en estudiante de la Universidad Nacional de San Marcos, la más antigua de América Latina, y yo ingreso en la Católica. Allí Mario se encuentra con algunos personajes que recogerá en “Conversación en la catedral”, entre ellos a un tipo que aparece con el nombre de “Abraham”, que estaba allí para involucrar a los muchachos en una célula cahuide. “Cahuide” es el nombre de un personaje mítico de la época incaica, un rebelde incaico. Era una célula comunista subversiva. Este personaje es el padre del actual presidente electo del Perú, Ollanta Humala, fíjate lo que son las cosas. Nos cruzábamos de vez en cuando y conversábamos y además compartíamos algo que es muy importante en nuestra primera juventud, que es un grupo de amigos muy pequeño en el cual hay dos personas clave: un tal Abelardo Oquendo, que es un poco mayor que nosotros y que era una persona muy fina, muy racional, muy equilibrada, poco dada al arrebato pasional de aquellos años, muy reflexiva, muy pausada y que escribía muy poco pero tenía una gran afición por la lectura. El otro se llama Luis Loayza, que es un escritor casi secreto y un lector maravilloso, él me enseñé a leer Henry James, Faulkner y los primeros libros de Borges y de Cortázar.

 

¿Cuál fue el comienzo de tu formación literaria?

Yo había empezado a leer novelas de aventuras, policiales, entre ellos “La sombra”. Luego pasé a un personaje que me interesó mucho, Bill Barnes, que era un policía aéreo. En la Universidad descubrí los clásicos y el “Quijote”. También los hispanoamericanos, “La vorágine” de José Eustasio Rivera, “Don Segundo Sombra” de Güiraldes, “Doña Bárbara” de Gallegos, Miguel Ángel Asturias, Mallea… Pero el descubrimiento fundamental fue Borges: yo leí “Ficciones” y me quedé paralizado. El estilo de Borges me producía un gozo increíble.

 

Pero, ¿cómo es posible que se leyeran autores como James o Faulkner?

Claro, lo dices porque eran muy poco conocidos en ese momento… Yo descubrí a Henry James gracias a Loayza. Pero Mario ha contado en sus memorias que nunca pudo compartir la admiración de Loayza por Henry James.

 

En esa época todos compartís vocación literaria claramente, porque aunque no lo confieses abiertamente tú también has escrito…

Publicamos una revista, primero era “Cuadernos de composición”, fíjate qué nombre, que sacó dos o tres números y luego sacamos “Literatura”. Allí escribíamos nosotros y otros escritores como César Moro, un poeta surrelista. Vargas Llosa hizo una nota muy buena sobre un libro de poesía de Moro. El que más había adelantado era Loayza, vivía en casa de su madre y no tenía problema para ganarse la vida. Mario andaba enloquecido con sus siete trabajos…Vivía en un lugar muy humilde en Miraflores, precariamente. Yo también empecé a escribir cuentos, plagios viles de Borges y cosas por el estilo. Mario colaboraba en el suplemento cultural de “El Comercio”, donde Abelardo Oquendo y yo empezamos a hacer reseñas literarias. Mario tiene una especie columna en la que entrevista a los narradores peruanos de la época, gente muy mayor, algunos atroces, otros no tanto. Luego Mario se va a España y a París y se crea una distancia física. Yo sigo en Lima, ingreso como profesor en la Universidad Católica primero de Lingüística y luego de Literatura. Loayza se va a Nueva York y a Ginebra como traductor en inglés de la Unesco…

 

Y entonces ya empiezas a estudiar a Vargas Llosa de otra manera…

Estudiarle no, sencillamente leía sus originales. Leí los originales de “La ciudad y los perros”, de “La casa verde”… Nos los dejaba a Abelardo, a Loayza y a Sebastián Salazar Bondy, mayor que nosotros, que era una figura muy popular en el ambiente periodístico, literario, intelectual limeño, un tipo maravilloso que para mí fue fundamental. Él propuso la novela “La ciudad y los perros” a Losada de Buenos Aires y corre el rumor de que lo rechazaron y eso que Losada publicaba mucha literatura importante latinoamericana, Roa Bastos, Asturias, etc.

 

Lo primero que publica Vargas Llosa son Los jefes

Pero lo publica en España, no allá, en Perú. Y publica cuentos porque imagínate, con siete trabajos no podía publicar una novela…Aparte de que hacía críticas de teatro, notitas, reseñas, colaboraciones y muchas cosas más. Antes me acordaba de los siete trabajos de Mario…

 

¿Qué literatura española llegaba entonces al Perú de los cincuenta?

En España, con Franco, la literatura estaba bajo el peso de la censura, entonces no era un período muy estimulante. Por un lado, Cela, “La colmena”, “La familia de Pascual Duarte”, “Viaje a la Alcarria”, que me interesó mucho, y un libro precioso sobre putas, “Izas, rabizas y colipoterras”, que salió en Lumen donde también salió “Los cachorros” por primera vez. Luego la poca literatura que nos parecía más o menos interesante era el nuevo realismo social español, Juan García Hortelano… Nos impresionó “Tiempo de silencio” de Martín-Santos y los primeros libros realistas de Juan Goytisolo. Aparte de los clásicos, como Azorín y Valle-Inclán.

“Yo era un estudiante bastante disciplinado; Mario era rebelde. Y su padre que se había enterado de que tenía vocación literaria y estaba criado por tías, abuelas, madre… le parecía que era una persona que no tenía la energía de un hombre”.

A lo mejor había más acceso a las ediciones de españoles en Argentina, a través de Losada, por ejemplo, o la colección Austral, que se publicaba en Buenos Aires y tenía un catálogo con lo más variado que podías imaginar…

Así es, era el arca de Noé…Yo tenía montones de libros de Austral. En Estados Unidos era famosísimo Francisco Ayala. Losada publicaba mucha literatura, francesa, italiana y española…”La metamorfosis” de Kafka, con un prólogo maravilloso de Borges, fue para mí revelador, ahí me dije, “voy a escribir”.

 

 

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Qué es para ti la Literatura (I)

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Teoría del estigma literario.

Por Marcelo Cortés en el 4º Aniversario de La palabra olvidada.

Teoría del estigma literario

La Teología y otras ciencias auxiliares de la religión señalan que el estigma es una herida en forma de llaga que brota como un manantial espurio en determinadas zonas del cuerpo. No todos los mortales están llamados a ver nacer en su cuerpo esa herida refrescante. Solo está al alcance de algunos privilegiados; en puridad, solo de aquellos que se atreven en vida a seguir estrecha y resignadamente el modelo al que imitan. El resto de los humanos se limita a dar fe del suceso y a admirar como santo a aquel que goza y sufre con ese absceso sanguinolento.

La literatura es también un estigma que sobreviene en algunas personas y que divide a los seres humanos en dos: por un lado, aquellos que experimentan en sus propias carnes la llaga de las palabras en sus distintas modulaciones; por otro, los que admiran a los que padecen el estigma de las letras puestas en sinfonía. Los primeros (leer más)


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A Jaime Salinas (4º Aniversario “La palabra olvidada”)

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Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 16 de octubre de 2011 (4º Aniversario de La palabra olvidada).

 

A Jaime Salinas

La Fundación Gerardo Diego acaba de editar el quinto pliego de su colección “La Sorpresa”, titulado “A Jaime Salinas”. Coordinado por el profesor José Luis Bernal Salgado y cuidado por Andrea Puente, la entidad recuerda en este pliego de 16 páginas al hijo de Pedro Salinas, cosmopolita y editor, “trashumante contemporáneo”, según Francisco Javier Díez de Revenga, el catedrático murciano que resume aquí en dos páginas un torrente de preciosos recuerdos compartidos. En realidad se trata de una recuperación que sigue varios caminos que vienen a cruzarse en la sorpresa de la palabra: es la recuperación de la figura de Jaime Salinas (1926-2011), ante todo, en la memoria de los textos “recuperados” de Elena Diego, Pureza Canelo, Díez de Revenga y el propio Salinas, hijo del autor de “La voz a ti debida”. El hilo encuadernador del pliego, como si dijéramos, es sin duda el papel fundamental de Jaime Salinas en la publicación de las Obras Completas de Gerardo Diego, que en un principio acogió la editorial que dirigía, Aguilar. Lo cuenta el propio Salinas en el texto “Los cinco tomos de la “Prosa completa” de Gerardo Diego y la cabecita rubicunda”, aquí recogido del libro “Memoria y literatura. Estudios sobre la prosa de Gerardo Diego”. Y Elena Diego lo recuerda con su emoción (continuar…)

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