Cuatro años son mucho
Aunque sea mejor decir “cuatro años no son nada”, damos la vuelta a la frase tan manida y afirmemos, hoy que podemos, día 16 de octubre, que “cuatro años son mucho”, sobre todo en este mundo en que todo pasa y nada queda, o eso parece. Nos engañan con ráfagas, inmediateces y eventualidades pero, en realidad, uno de nuestros relojes marca lo que es más perdurable. Hace tiempo escribí sobre “La palabra olvidada”, el blog, ahora elevado a la categoría de página web, que mantiene desde hace justo cuatro añitos Lucía Fernández Segura como empresa cultural nacida de su pura voluntad. A su inquietud se debe, ante todo, la creación de un foro serio para la cultura, enlazado a otros de similares características pero que, en conjunto, permiten salvar de la idiotez imperialista y dominante al lector medio, dígase, el lector que no se conforma precisamente sólo con las noticias de portada de yahoo o que simplemente quiere completar su bagaje de informaciones con otros placeres estéticos. De ese derecho no nos puede privar ni siquiera el reguetón, pongo por caso. En esa cultura de trinchera que define en una reciente entrada Marcelo Cortés en su “Me sé cosicas”, caben espacios como este, un granito de arena en la inmensa playa de internet. En un ámbito, el cultural, que no anda falto de aprovechados, la creación literaria y crítica se hace más necesaria que nunca. En mi caso personal, como creo que no funciona la hemeroteca digital del diario Alerta, resulta que mis pobres y olvidables artículos de la sección dominical “El signo tenue” se salvan únicamente gracias a “La palabra olvidada” que les da un cobijo seguramente inmerecido que agradezco de nuevo. A esta “palabra olvidada” le hace falta crecer algo más, para que seamos muchos más los socios “olvidados” que demos curso por internet a nuestra particular indignación con tantas cosas o nuestro humildísimo aliento estético sobre otras. Vuelvo a desear, como hice hace tiempo, que Lucía Fernándze Segura no se desanime en este esfuerzo y que su proyecto siga gozando de las extrañas delicias de la elegancia, con la generosidad que le permite, por ejemplo, hacerme un hueco en su hermosa página.
Mario Crespo López para el 4º Aniversario de La palabra olvidada














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