Artículo de Mario Crespo aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 26 de febrero de 2012.
José de Bustamanete y el tesoro devuelto
Cuando lea el lector estas líneas dominicales habrán llegado ya a España los dos aviones Hércules encargados de transportar el tesoro de la fragata “Nuestra Señora de las Mercedes”, rescatado vía aérea y judicial de la base militar de MacDill, al sur de Tampa, Florida. Desde Sarasota hasta un almacén de la empresa Numismatic Guaranty Corporation lo han trasladado los representantes de la empresa de exploraciones marinas Odyssey, condenada por un juez estadounidense, tras un pleito de años, a devolver el cargamento que había rescatado en 2007 del barco hundido en 1804: un total de diecisiete toneladas de material, en el que se cuentan casi seiscientas mil monedas de oro y plata del siglo XVIII. El Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha enviado a Estados Unidos seis expertos para verificar los trabajos de inventariado y embalaje. Alguno de ellos ha expresado la emoción que supone el encargo de traer a España lo que tenía que haber llegado a tierras españolas hace más de doscientos años. El rechazo del Tribunal Supremo de Estados Unidos a las alegaciones presentadas por Odyssey Marine Exploration ante el Tribunal de Apelaciones de Atlanta en noviembre del año pasado ha zanjado la vía de la recuperación del tesoro. Hay que apuntar que aún queda una parte de este pecio rescatado en Gibraltar, para lo cual se han iniciado ya conversaciones con el gobierno británico, ya que el fallo judicial afecta a todos los bienes rescatados de la “Nuestra Señora de las Mercedes” y los de Odyssey, al parecer, dejaron una parte en la colonia de Gibraltar. Fue en mayo de 2007 cuando esta empresa anunció el hallazgo del pecio hundido al oeste de Cádiz. El Gobierno español, gracias a los informes de diversos expertos del Ministerio de Cultura y entidades como la Real Academia de la Historia y el Museo Arqueológico Nacional, pudo demostrar a qué barco pertenecía el tesoro y cuál era su misión al servicio del Reino, en el contexto de la guerra de España y Francia contra Inglaterra. Toda esta aventura arqueológica, avariciosa y judicial desvela hechos de nuestro pasado, en concreto los que dieron pie a que España se tuviera que definir en aquel contexto bélico. La batalla naval que acabó hundiendo a la “Nuestra Señora de las Mercedes” y acabó con la muerte de casi trescientos marineros sucedió el 5 de octubre de 1804 frente al cabo de Santa María, en el Algarbe portugués. La fragata era parte de una escuadra de cuatro naves que custodiaba y transportaba un valioso cargamento de oro y plata procedente de El Callao y Montevideo y que fue atacaba por otros cuatro navíos ingleses. Mandaba la escuadra española un cántabro, José Joaquín de Bustamante y Guerra (Ontaneda, 1759-Madrid, 1825), uno de los militares españoles más prestigiosos de su época, que había comandado la importante “Expedición Malaspina” alrededor del mundo y había sido gobernador de Montevideo. Bustamante poco pudo hacer ante el superior poderío militar inglés, “una marinería escogida e inteligente”, como él mismo la definió. Fue un incendio en la santabárbara o polvorín del navío el que presumiblemente hizo explotar la nave, en la que viajaba, por cierto, la familia del general Diego de Alvear y Ponce de León, que fue testigo del desastre desde el mando de la fragata “Medea”. Apresado en Inglaterra, Bustamante fue luego sometido en España a un consejo de guerra, del que fue absuelto, y participó en la batalla de Trafalgar. Entre otras vicisitudes de aquella época turbulenta, fue capitán general de Guatemala, miembro de la Junta de Indias y director general de la Armada. El viaje del tesoro de la Odyssey nos devuelve no sólo miles de monedas de oro y de plata, sino el recuerdo de unas vidas que estaban hundidas con la propia fragata en la que atravesaron el mar. Odyssey, en su legitimidad comercial, pretendía convertir los restos sumergidos en mercancía económica. Ahora el Gobierno no sólo tiene la responsabilidad de estudiar debidamente estos restos, sino de fomentar el justo conocimiento del pasado que estos pueden proporcionar y cuidar mucho más su patrimonio arqueológico subacuático. Al fin y al cabo, Odyssey nos ha puesto de frente a las miserias españolas en el control de los yacimientos arqueológicos y las carencias en nuestra propia valoración del pasado. Algo que ni la historia ni sus protagonistas merecen.







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