Archive for enero, 2012

Adenauer, Cossío y Fraga

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Artículo de Mario Crespo, aparecido en el diario ALERTA de Cantabria. 22 de enero de 2012.

 

Adenauer, Cossío y Fraga

En estos días en que una de las noticias principales ha sido sin duda el fallecimiento de Manuel Fraga Iribarne, puede recordarse un detalle de su vida que tiene que ver con José María de Cossío, en los tiempos en que este era presidente del Ateneo de Madrid, y con la Casona de Tudanca, en concreto en relación con tres cartas del canciller alemán Conrad Adenauer y su familia que, creo, hasta hoy no habían sido publicadas y que allí se guardan a cal y canto. José María de Cossío presidió el Ateneo de Madrid en la época en que Fraga era ministro de Información y Turismo. Obviamente, la colaboración entre ellos fue estrecha, así como el mutuo aprecio. En Tudanca se conservan ocho cartas y dos telegramas enviados a Cossío por Fraga, entre 1960 y 1975, desde los tiempos en que dirigía el Instituto Internacional de Estudios de Clases Medias y el Instituto de Estudios Políticos. Fraga, que llamaba a Cossío “amigo y maestro”, visitó en más de una ocasión Tudanca, una de ellas cuando se inauguró una de las rehabilitaciones del inmueble para acondicionar libros, lo que dio lugar a un jocoso comentario del entonces alcalde del pueblo, algo así como “ahora hay libros, pero ya volverán las vacas”. Entre las actividades que jalonan la presidencia de Cossío en el Ateneo de Madrid figura la conferencia que impartió Conrad Adenauer, canciller de Alemania en 1949-1963. El significativo acto contó con la presencia de los príncipes Don Juan Carlos y Doña Sofía, además del ministro Fraga. El Archivo de la Casona de Tudanca guarda noticia del acto y de valiosas cartas sobre él. La conferencia fue el 16 de febrero de 1967 bajo el título “Europa y la evolución en el mundo” (“Europa und die Entwicklung in der Welt”). Unas semanas antes Adenauer escribía a Cossío desde Bonn: “Le doy las gracias por las felicitaciones recibidas personalmente por Usted y en nombre del Ateneo con motivo de mi nonanogésimo primer cumpleaños. Me he alegrado francamente por ello y aguardo con gran expectación mi visita a Madrid y al Ateneo”. Durante su estancia en España Adenauer visitó El Prado y El Escorial, y se reunió en El Pardo con Franco, que le concedió la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Días más tarde, el 21 de febrero, ya desde Alemania, Adenauer escribió a Cossío: “Tras mi regreso a la República Federal, considero apropiado agradecerle una vez más de todo corazón la calurosa acogida que he recibido en el Ateneo de Madrid. Ha sido todo un honor para mí poder hablar en ese venerable lugar a un círculo tan selecto de un tema que a mí y a muchos políticos en nuestro país nos interesa tanto. Me he alegrado enormemente por la comprensión y la aprobación que he encontrado por parte del auditorio. Usted ha sido tan amable de enviarme algunos distinguidos trabajos relativos al arte y la historia española, que representarán un valioso enriquecimiento para mi biblioteca. Por esto reciba Usted mi más sincero agradecimiento. Le ruego, Señor Presidente, transmita también mi gratitud y elogio a sus colaboradores, que se han esforzado en que el acto en el Ateneo haya sido todo un éxito. Con mis mejores deseos y un cordial saludo atentamente, Adenauer”. El anciano político falleció poco tiempo más tarde, el 19 de abril de 1967. Del 16 de mayo se conserva otra carta en Tudanca, dirigida a Cossío desde Colonia-Lindenthal por parte de los hijos de Adenauer: “¡Mi muy estimado Señor Presidente! Nos hemos sentido reconfortados por sus condolencias por la grave pérdida que hemos sentido a causa de la muerte de nuestro padre Konrad Adenauer, por el aprecio de su personalidad y de su trabajo”. Esa conferencia en el Ateneo, hoy olvidada, unió a tres personalidades de nuestro siglo XX, Adenauer, Cossío y Fraga, y la Casona de Tudanca vuelve a ser refugio documental de biografías ya extinguidas. Agradezco a la excelente profesora Paula García Sánchez la traducción de este breve epistolario del alemán que, creo, hoy se publica por primera vez en estas páginas de ALERTA.


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La dorada

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Texto de José Ángel García

 

La Dorada

Cuando la mar golpea con brío sobre el dique de Gamazo en San Martin de Bajamar, un pescador despistado se da su primera ducha bajo la cascada salada formada por el choque que traspasa los límites entre la tierra y el mar.

Cuentan los pescadores que salen en busca de la Dorada, que en las noches Santanderinas a altas horas de la madrugada, una estrella se pasea por su costa y por sus playas.

Mientras preparaba su caña, empatando el anzuelo y encarnando una gusana, ante un firmamento estrellado y una oscuridad abandonada, en el frio silencio de una noche embrujada, aquel pescador curtido con el brillo en la mirada, me contó este relato, y aquí cito sus palabras:

Santander tiene una estrella, que aparece de repente, no es fácil verla si solo miras al frente, cuando caminas por Cuatro Caminos con la mirada indiferente.

Muchos contemplaron meteoros, y alardean de la estrella, pero solo los que la vieron en su mirada llevan, el resplandor de la llama y la belleza de su estela.

Solo en Santander es posible ver, una estrella al caer, me dijo un pescador curtido, que en busca de la Dorada fue.


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Exposición de Antonio López

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Artículo de Mario Crespo para el diario ALERTA de Cantabria. 8 de enero de 2012.

Exposición de Antonio López


Después de haberse podido visitar en Madrid, el Museo de Bellas Artes de Bilbao acoge hasta el día 22 de enero una de esas exposiciones que ya quisiéramos ver por Cantabria. Pero las políticas y empeños expositivos acaban favoreciendo justamente la lógica de la economía de recursos y esfuerzos: viájese a la capital cercana más importante y véase lo que en la casa de uno no se tiene, así de sencillo. En fin, el Museo reúne más de un centenar de obras de Antonio López (Tomelloso, Ciudad Real, 1936), pintor que sin ninguna duda está entre los más apreciados del panorama artístico español del último medio siglo. Dejando aparte el mercado y el alto valor de sus obras, el éxito de este tipo de iniciativas demuestra la consideración general que merece el artista, a quien nadie podrá acusar de divo ni de desenvolverse, como tantos otros, como un simple producto de las modas y los intereses de ciertos comerciantes del arte. A Antonio López no le hacen falta las ferias para “triunfar” ni los suplementos culturales para estar en el candelero de lo efímero. A Antonio López, con su apariencia de hombre sencillo y adusto, uno le confundiría perfectamente con un artesano, con un fabricante de cestos que dedica también su tiempo a las faenas agrícolas. Quiero decir que parece guardar en sí mismo la autenticidad, casi perdida en nuestros días, del hombre machadianamente bueno que trata de hacer lo mejor posible su trabajo. Su imagen es su propio arte, hay una consonancia inequívoca entre lo que parece y lo que seguramente sea o trate de ser. He ahí, creo, uno de sus atractivos y lo que, junto con otras consideraciones técnicas, le distingue de muchos otros pintores: la sensación de que no está vendiendo ningún engaño, de que su pintura no es impostura, sino que nace de una preocupación interior que enlaza con lo más profundo de las preocupaciones que todo artista honesto puede tener. Y cuando uno contempla sus obras y su proceso creativo, estas consideraciones crecen exponencialmente. Buen ejemplo de ello fue la película de Víctor Erice “El sol del membrillo” (1992), formidable homenaje al pintor en torno a la (maravillosa y extraña) tortura que le supuso dibujar un membrillo de su jardín, aguardar el buen tiempo, captar la mejor luz, evitar la caída de las hojas y la pérdida de la posición inicial de los frutos. En semejante ejercicio artístico se apreciaba, entre otras cosas, la preocupación de Antonio López por el paso del tiempo y su captación, así como la tragedia que supone no llegar a “atrapar” la realidad en su completa riqueza. En el filme participaba el santanderino Enrique Gran, compañero de López en la Academia de Bellas Artes. La presencia de Gran no era menor. En sus diálogos contrastaban perfectamente los objetivos pictóricos de uno y otro: el simbolismo de Gran, la pulcritud hiperrealista de López. Ambos amigos manifestaban una diferente concepción del arte que la cámara de Erice paseó por el mundo, por cierto, con sobresaliente éxito de crítica. Durante estos días aún pueden contemplarse juntas una buena cantidad de sus obras, entre ellas varias de las inacabables vistas de Madrid que tanta fama le han proporcionado, así como sus piezas escultóricas de inquietante perfección anatómica. Llama la atención el conjunto de obras de sus primeras décadas de vida artística, y, entre ellas, los dibujos de interiores realizados a lápiz, acaso donde con más pasmosa claridad se aprecian su extraordinaria técnica y su voluntad de perfección. ¿Por qué este pintor arrastra una consideración crítica tan positiva, en general? Tal vez porque se dedica a lo que muchos pintores han olvidado y vuelca lo mejor de sí en cada obra y deja que el cuadro tarde lo que tenga que tardar; tal vez porque no se ha mentido a sí mismo con los aires cambiantes de las modas o lo que un determinado crítico escupe en los diarios. ¿Por qué está atestada cada exposición de Antonio López? Acaso porque el pintor aún considera que el proceso artístico, con todas las satisfacciones que proporciona, es uno de los actos más trágicos para el hombre, enfrentado ni más ni menos que al transcurrir de un tiempo que se le escapa en cada calle, en cada retrato, en cada mesa puesta, en cada estancia vacía.


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La librería San Quintín de Santander cierra sus puertas

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El pasado 19 de diciembre, el librero de viejo, Rodolfo Plana, cerró definitivamente su librería San Quintín después de un cuarto de siglo en activo.

El día 6 de este mes, El diario montañés recogía un artículo sobre el cierre de San Quintín, referente de los lectores y escritores de esta ciudad. La crisis del libro en papel, la situación de la librería (en la calle San Luis) y el estado del edificio que cobijaba el establecimiento son algunos de los motivos que han llevado a Rodolfo Plana a cerrar su librería.

La librería San Quintín participaba siempre en la Feria del Libro Viejo de Santander. Con su cierre, sólo queda un gran referente de libro viejo en la provincia: Carmichael Alonso Libros.

 

Para los que no le conocemos muy directamente, Rodolfo Plana es el librero que nunca para de leer. Sin embargo, diversos blogs de amigos y algunos artículos de periódicos locales demuestran, una vez más, que un librero de viejo tiene mucho que contar.

Cualquier noticia de este tipo supone, para los que vivimos de cerca el mundo de libro, un golpe a la cultura. Las librerías de viejo, que tan poco se consideran hoy en día entre el público general, son siempre un resquicio de joyas literarias, de ejemplares curiosos y de sabiduría.

 

La palabra olvidada quiere hacer llegar su despedida a la librería San Quintín con este pequeña reseña.

 

 

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